Seabear: o como el pop no tiene por qué ser cursi, empalagoso o pijo, sino bello, mágico y conmovedor. El debut de este septeto irlandés nos ofrece un folk-pop que alcanza cuotas de extrema sensibilidad y evocadora hermosura; pequeñas joyas cocidas a fuego lento que harán las delicias de los que se emocionan con melodías bucólicas e inmaculadas y armonías etéreas y vaporosas.
Se trata de canciones delicadas y cristalinas que nos sugieren una atmósfera divina y celestial y que nos transportan a un mundo encantado por una naturaleza pura y virgen. Orfebrería pop. La voz suave, tranquila y cálida se complementa a la perfeccion con una instrumentación amplia y generosa, que va desde la base - esto es, batería, bajo y guitarras - hasta el enriquecimiento musical que aportan instrumentos como el banjo, piano, xilófono, armónica o el violín, entre otros, constituyento una auténtica orquesta Pop. En resumen: música para el alma, uno de los discos más bellos de la temporada.