Pupilo Records, 2007
Texto: Carlos G. Cano
Se les nota que han mamado, digerido e integrado aquellos maravillosos años del britpop; aquéllos que aún sentimos cerca cuando los Manic publican algo, cuando Snow Patrol suenan en televisión o cuando, sin más motivo que porque sí, desempolvamos una cinta con temas grabados de Ocean Colour Scene. Pero una sola escucha de To Seychelles o We might be losers basta para detectar que aquí hay talento.
De hecho ganaron la final española del Global Battle of the Bands, un referente discutible, sí, pero que de entrada nos dice que algo tienen. ¿Y qué es ese algo? En esencia, emociones reproducidas con acierto en el dialecto británico del pop. Pero también una voz más que convincente, una producción brillante y mucha facilidad para moverse de un lado a otro sin tener que traicionarse lo más mínimo. Lo que The Sunday Drivers les saca inventando hits dignos de radiofórmula, The Baltic Sea lo recuperan con credibilidad. En ningún momento parece que quieran ir ni un centímetro más allá de lo que consideran su territorio, y esa resignación –llamémosle autolimitación– debe entenderse como un gesto de pureza.
Lo malo es que, como les pasa a los maños Big City, en la escala de valores, en nuestra sociedad, prima más el riesgo que los buenos acabados. Claro que, precisamente por eso, su riesgo debería orientarse, más que a la sofisticación, a la simpleza. ¿O no es de valientes desnudarse? Vale, sí, depende del caso...
Pero The Baltic Sea tienen mucho camino por andar todavía, y si logran exacerbar su faceta emocional –habría que verles en directo- y quién sabe, si incorporan de alguna manera su alma sevillana, perfectamente maquillada, probablemente acaben atrayendo las miradas de esa gente a la que aún le cuesta abrir los ojos.
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