El proyecto musical francés Nouvelle Vague acaba de publicar su primer largo en el sello Peacefrog
Debido a que soy un palizas recomendando grupos raros a mis colegas aunque éstos no me lo pidan, alguna vez (rara) dejo que me recomienden ellos algún discoa mi, mal que me pese. La conversación fue tal que así: “Tienes que hacerte con Nouvelle Vague - me dice - A mi no me suenan de nada - digo - ¿de qué van? – pregunto - Hacen versiones de clásicos de la new wave”
El terror ya se había apoderado de mi, pensando en las versiones horteras de otros clásicos que gente como Richard Cheese o aquel Mike Flowers habían perpetrado, pero ya no podía dar marcha atrás. El mismo poco tiempo que tardé en acojonarme con esta recomendación fue el que tardé en quedarme boquiabierto escuchando este disco, que se pone kilómetros por encima de las limitaciones de los artistas citados antes – base de piano, cha-cha-chá y voz profundamente ridícula acompañados de frikadas variadas es básicamente lo que hacen o hacían – y deleita nuestros oidos con una mezcla de bosanova, jazz y pop francés del de siempre que dotan de distinta personalidad a los temas y ponen un poco de luz y calor en las oscuras atmósferas que los caracterizan volviéndolos prácticamente irreconocibles.
“Love will tear us apart” (Joy Division) vuelve melancólico el ambiente agónico y claustrofóbico que Ian Curtis había creado y allana el terreno para la a mi entender gran joya de este disco, que no es otra que “Just can’t get enough” (Depeche Mode). En ella convierten su tecnopop ochentero en una samba digna del carnaval de río, donde no falta ni el silbato ni la batucada. Prosiguen dando extra de emoción a “In a manner to speaking” (Tuxedomoon), de las que hacen un nudo en la garganta. “Guns of Brixton” (The Clash) suena arrabalera y dejada y “this is not a love song” (P.I.L.) elegante.
Los ecos de la música francesa de los sesenta hacen presencia en la desquiciada “Too drunk to fuck” (Dead Kennedy’s). La voz suena sensual en “Marian” (The Sisters of Mercy) e inocente en “Making plans for Nigel” (XTC). Una noche de verano en Copacabana es lo primero que me viene a la cabeza al escuchar “A forest” (The Cure). “I melt with you” (Modern English), uno de los cortes más puramente pop, es secundado por una latinizada “Teenage Kicks” (The Undertones) que se convierte en la versión más prescindible del álbum, no por falta de calidad, sino de originalidad.
Para “Psyche” (Killing Moon) crean un ambiente tétrico acompañando a una voz que parece la de Björk poseida por el mismísimo diablo y que precede al cierre del disco con “Friday night, saturday morning” (The Specials), al que convierten en un precioso tema pop y en el broche de oro para una obra de la que no esperaba nada y me ha regalado cuarenta y seis minutos de música sin desperdicio.
Informándome a posteriori sobre quién había engendrado esta maravilla, resulta que me encuentro nombres más conocidos. Nouvelle Vague es un proyecto de dos músicos franceses, Marc Collin – multiinstrumentista ya conocido por anteriores proyectos como Ollano, así como por su faceta de productor – y Olivier Libeaux – que publicó un disco en el sello Naïve -, que ya habían sacado dos sencillos previamente, y que para revisitar algunos de los mejores momentos de los primeros ochenta se rodean de las voces femeninas de cantantes que tenían por condición el no haber escuchado antes las canciones que iban a cantar. El resultado es difícil de mejorar.