Al escuchar el último disco de Placebo da la sensación de que las tardes que Brian Molko dedicaba a ingenuos quehaceres del día a día se han convertido, definitivamente, en noches de alterne con amigos de la perdición.
Pero mantener su tono altivo no les ha impedido conservar una fuerza vocal digna de cualquier principiante aventajado. El primer tema, Meds, que da nombre al disco, encierra la misma agitación que el rasgueo en estéreo de Every You Every Me años ha. Y VV, de The Kills, eleva al cuadrado la desesperación de Brian Molko. Le hace gritar extasiado. Cerrar los ojos.
Meds (Virgin Records, 2006) aborda el límite como forma de vida, como condena y sufrimiento, pero también como ocasional elección ante el embotamiento al que llevan las pastillas con las que tendemos a creer que todo tiene arreglo.
Las canciones contundentes (Drag, Because I want you, Song to say good-bye) consiguen, sin aportar grandes novedades, que la atmósfera guitarrera de Placebo crezca a la ancho. Las piezas más emotivas, en cambio, entre las que destaca Broken Promise, con la participación estelar del líder de REM, Michael Stipe, no transmiten más que un disculpable exceso de contención.
La melancólica (y espléndida) Post Blue (“It’s in the water baby, It’s in the pills that pick you up, It’s in the water baby, It’s in the special way we fuck”) abre la puerta que conduce a lo más oscuro del disco, con One of a Kind e In The Cold Light Of The Morning a la cabeza (“while everyone’s yawning, you’re high. In the cold light of morning, you’re drunk, sick from whoring and high. Staring back from the mirrors, a face that you don’t recognise. It’s a loser, a sinner, a cock and a dildo’s disguise”).
Cada vez menos andróginos pero haciendo gala de un estado de forma que ya quisieran otros para sí, el trío que conquistó a David Bowie ha querido volver a sus inicios y ha conseguido recordarnos que, por mucho que nos entusiasmaran, sus orígenes no tienen por qué seguir siendo originales.