John Garrison - Above The Cosmos
7 de Octubre de 2007



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John Garrison - Above The CosmosJohnny Vic Records, 2007


Texto: Julia Cerviño


Después de ser, en resumidas cuentas, el alma de Budapest y con 2 discos en el mercado, John Garrison decide en 2006 dejar su Reino Unido natal y fijar su residencia en Nueva York. Comienza así un recorrido por numerosos pubs de la ciudad donde su voz simplemente combinada con piano o guitarra acústica gestaba la idea de un disco en solitario.

En 2007 presenta Above The Cosmos, un álbum autoproducido que resultará una desilusión para aquellos que pensaban que su futuro musical sería más esperanzador y en definitiva menos oscuro tras el homogéneo Head Towards The Dawn (2005).

Recupera aquella melancolía excesiva que transmitía Too Blind To Hear (2003) y sólo recuerda a los Budapest más recientes en Below The Radar y ligeramente en Convincing Myself.

Nos muestra en mayor grado del que lo había hecho en Budapest, los instrumentos que sonaban en su casa de niño (se crió entre pianistas y violinistas). Esto queda patente en la canción que da título al disco, una diminuta muestra de mezcla instrumental. De sus antiguos compañeros cuenta con Pete Wilson para que el chelo vuelva a formar parte, también ahora, de sus nuevas canciones.

Testimony es tristeza, luego desgarro y más tristeza que la convierten en la mejor construcción del disco. Shadow, sería más apropiada de banda sonora de un entierro. Cosa distinta pasa con Carousel, comienza jugando con la idea de una canción redonda pero se desvanece con el paso de los segundos dejando un mal sabor de boca. Bugs To The Light no sería lo mismo sin un breve trazo de piano, cuerda y voz que lo transforman en uno de los mejores momentos que nos presenta Garrison. Walking On Broadway desprende un innegable “olor” a Nueva York pero es poco compacta y pide a gritos un buen arreglista.

Tras la “potente” Below The Radar, sin lugar a dudas la canción que más engancha, (con el instrumento de cuerda magistralmente colocado) llega Abdicate, repleta de simplicidad y belleza donde da miedo pensar en incorporar algún instrumento más. Lo que queda para terminar se hace aburrido, falto de consistencia, con una última y desesperante canción de más de ocho minutos. Casualmente tiene un título, a mi modo de ver muy irónico, Happy Hour, se cumple una hora de disco, pero de Feliz no tiene casi nada. Cada canción por separado es escuchable, pero los 12 cortes uno tras otro, no. Quizá una mejor ordenación de las pistas lo convertiría en menos cansino.

Eso sí, puede que como sus dos anteriores discos en grupo, este también sea sorprendentemente mejor en directo y salgas de sus conciertos pensando, ya no solo que estabas ante un envidiable multi-instrumentista con voz dulce, sino también, ante el creador de unas melodías que no deberían terminar nunca.


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