Julio Bustamante - Lluvia Cascabel
1 de Abril de 2008



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Julio Bustamante - Lluvia CascabelComboi Records, 2008


Texto: ErnestoLLamado


La espera ha valido la pena. Julio Bustamante, cantautor valenciano de finísima y elegante sensibilidad (además de escritor, dibujante o filósofo), nos vuelve a deleitar con su nuevo álbum, muy recomendado para escuchar durante la primavera y el verano, preferiblemente en zonas costeras para saborearlo mejor.

“Lluvia Cascabel” es el título, y en él volvemos a encontrar canciones de temática universal, que son como recetas que hacen purgar los fantasmas de la vida diaria y nos invitan a abrazar un mundo de paz e inocencia, todo ello desde un prisma positivo y muy luminoso.

Las canciones de este disco desprenden calidez, tranquilidad y el placer minimalista de ver que lo sencillo se puede convertir en algo grande. Éste es un disco en el que prima lo acústico, y en el que destacan el pop y la bossa-nova. Las letras, aparentemente ñoñas, cobran un gran significado al ser cantadas por su limitada pero personal voz, ya que a veces no importa tanto la letra ni el virtuosismo vocal, sino que el que las canta les ponga un “feeling” especial. Bustamante lo consigue, como ocurre en muchos otros casos, véase el maestro Dylan y su voz.

En este álbum encontramos canciones tan redondas como “La Rosa de los Vientos” o “John Huston”, la inocente “Gatitos Pequeños”, la evocadora y nocturna “Albert y el Mar”, la colorista y juguetona “Lluvia Cascabel” o –atención- “La Selva”, de melodía inequívocamente rock’n’roll. Todas ellas están arropadas por batería, bajo, guitarras acústicas, piano y órgano, sin olvidarnos de los acompañamientos femeninos, tan importantes.

Sin ser, desde mi punto de vista, el mejor disco de Julio Bustamante –ahí están “Cambrers”, “Entusiastas” o “Con tal de Volar”- sí es un álbum notable, que no es poco. Éste es uno de esos discos por los que vale la pena amar el pop –no se confundan de nombre, por favor, es Julio, no David- y que ayudan a llevar mejor el día a día. El 24 de mayo unos pocos estaremos mirando en un atlas, con cara de circunstancias y hombros encogidos, la distancia que hay entre Belgrado (Serbia) y Valencia (España). Y ya no escribo más, no vaya a ser…


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