
A Kid Dakota (Darren Jackson) muchos lo conocimos hace ya unos cinco años, el día en el que Sinsal nos regaló la presencia de Low en el teatro Salesianos de Vigo, escoltados por Nina Nastasia y por este crío, -apoyado por un showman-batería - que parecía no respetar el lugar en el que estaban, lamiendo los platos de la batería, y ofreciendo un espectáculo más digno de un after-hours que de un concierto en un teatro.
Ese sería el resumen fácil de aquel acontecimiento; un payasete en las percusiones que casi nos despista y consigue que no nos demos cuenta de que lo que estábamos viendo, y sobre todo escuchando, era un proyecto (no tan proyecto, pues ya tenía Darren por entonces editado el So pretty (2001) y el sobresaliente The west is the future (2004) ) que merecía la pena seguir de cerca. En aquel concierto contaran también con el soporte del elenco masculino de Low, fans e ídolos a un tiempo, y al acabar el recital no podías evitar sentir que se trataba de uno de esos teloneros que habían hecho méritos para vender discos en la puerta.
Desde entonces, hace ya como digo cinco años, no habíamos tenido noticias suyas. Nada editado hasta que aparece hace ya unos meses este A winner’s shadow, que cogía polvo en el disco duro a pesar de llegar a mis manos como escucha obligatoria e inmediata. En el colegio toda lectura obligatoria es casi sinónimo de fracaso al buscar un hueco en el corazón del alumno. En este caso la escucha obligatoria no cumple esa regla y Darren Jackson lo vuelve a lograr, que para eso ha tardado lo suyo en darnos otra dosis de sus pastillas (no hagáis chistes sobre tíos que chupan baterías y pastillas, que lo tenéis demasiado fácil).
Los primeros quince minutos de A winner’s shadow, o traducido, los cuatro primeros temas – "New York system", "Stars", "Chutes & Ladres" y "Port authority" - abren un trabajo de forma que venga lo que venga en la media hora siguiente no te habrás arrepentido de gastar los cuartos (llamadme optimista) en este disco. Y es cierto que luego sí se difumina un tanto la calidad del disco, y las aguas en las que navegan "Transfussion" y "Puff jackets" no hacen honor a sus predecesoras. Kid Dakota no es un proyecto que tienda habitualmente a alargar hasta el infinito sus temas, pero en el disco sí encontramos un par de cortes cercanos a los siete minutos, de esos que enamoran o desesperan, y en este caso no es diferente. El redondo "Port authority", del que hablamos antes, y el caótico "Downhill", cuyos tres minutos finales sobran, suponen una buena prueba de ello.
Quizás esos tres minutos son los que necesitó Willy para coger impulso y conseguir saltar el muelle que cercaba su libertad, haciendo que a todos se os caiga una lagrimita, pues "Fall out", el corte que cierra A winner’s shadow, retoma el pulso del brillante inicio de trabajo que nos han ofrecido este buen mozo. Que no tarde tanto para el próximo capítulo.
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