
Tras el nombre de Skatebård se esconde el productor y dj noruego Bård Aasen Lødemel. En su currículum consta dirigir el sello Digitalo Enterprises, trabajar en sus propias producciones y haber remezclado a gente tan dispar como a las mini divas nórdicas Sally Saphiro y Annie, las silvopastoriles Au Revoir Simone o Simian Mobile Disco. Este hombre llegado de la tierra del salmón, parece sentir devoción por la maquinaría futurista del italo disco y, en general, por todo el sonido de aquella época. Pero aquí no hablamos de fabricar grandes disco hits, esos que la gente siempre definirá como una horterada para más tarde disfrutar de ellos en celebraciones regadas por cantidades inusitadas de alcohol. Skatebård, partiendo de la era disco, busca recrearse con percusiones metálicas, ambientes espaciales, ritmos robóticos y techno primitivo.
El interés de los productores por reavivar la banda sonora del Nueva York de finales de los setenta y sus diferentes ramificaciones, no es ninguna novedad en los tiempos que corren. El también noruego Lindstrøm, cautivó a toda la crítica con su disco Where You Go I Go Too, una suerte de banda sonora para viajes retro espaciales. Las canciones de Kelly Polar no dudan en mezclar la tragedia con capas de sintetizadores. Tampoco sería justo olvidar el trabajo de Metro Area y, claro está, Andrew Butler y sus Hercules And Love Affaire, capaces de poner a bailar al pajarillo de Antony Hegarty. Skatebård, al igual que Lindstrøm, siente debilidad por las bandas sonoras de viajes a galaxias desconocidas, cosa que deja claro en "Kosmos", “Inspirational Weekend” y “June Nights Out Of Siena”. La temperatura de la travesía sube gracias al directo “I love you” susurrante y repetitivo de “Skatebård Loves You”. La inicial “Vuelo” se desliza continua, fría e hipnótica sobre nuestras cabezas. Algo similar, pero con un ritmo más oscuro, le sucede a “React 2 Rhtymn”. Amaneceres sintéticos llegan con “Early Morning”. La parte más lujuriosa de este baile por el espacio desconocido es “Into The Crypt Of Rays”. Su pulsión recuerda a The Hacker. Siguiendo por la senda electro, el disco finaliza con “Love Attack”.
Este disco atesora dos méritos fundamentales: resultar abarcable para todas aquellas personas que no hemos conseguido engancharnos a Lindstrøm, y su capacidad para continuar abriendo el camino de regreso a unos clubes llenos seres humanos, o robots, deseosos de largas noches de ritmo sin control.
Hoy lo escuché, pero yo este tipo de música tengo que escucharla con sol, si no no lo disfruto como debería. Prometo ponérmelo el primer día que vaya a la playa.
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