
Diseñador y músico, el belga Jérôme Deuson es la cabeza visible de aMute, que comenzó su andadura musical en 2003 prácticamente en solitario con "A Hundred Dry Trees" (Intr.version Records). Dos años después simultaneaba este proyecto con Arden, banda que integraba con Sébastien Roux, Jürgen Heckel (Sogar), Mitchell Akiyama (Avia Gardner, Désormais, Letters Letters), Jeuc Dietrich y Christophe Bailleau, editando el segundo de aMute: "The Sea Horse Limbo" (Intr.version Records).
Sin embargo, Deuson ha dado un importante giro a aMute reclutando una formación completa: Samuel Volan (bajo), Thomas Venegoni (guitarras y teclados) y Stephane Fedele (batería). Desde entonces se ha dedicado a experimentar con buena parte de lo que lleva la etiqueta post hasta alcanzar este punto de indie-rock con vocación experimental y ambiental. Fennesz, Tim Hecker, The Microphones y Silver Mount Zion son algunas de las influencias confesas que, sin embargo, te pueden dejar a medias.
"Infernal Heights for a Drama" es un título que no engaña, aunque no es el problema su tendencia al quejido lastimoso y al gritito lánguido, sino más bien el que no haya ninguna canción que me levante del asiento y me haga pensar que esto o mola o mola. Y eso a pesar de escuchar una y otra vez sus cincuenta y un minutos, que se me hacen eternos. Es un continuo sube-y-baja en el que la electrónica tiene mucho menor protagonismo que en sus anteriores discos, algo que ha compensado añadiendo multitud de instrumentos. Intentan llamar la atención con una especie de psicodelia industrial un par de veces: "May Faint" quiere parecer sucia y sexy, pero se ahoga sin llegar a nada, y a "Enclosed Movements" le pesan los once minutos de degustación de guitarras y fraseos que aspiran a que los consideremos agresivos pero que pueden terminar dando la sensación de pose efectista. Sobre todo cuando se mete en fregados de ambient acústico como "When things are not going right", metido con calzador.
Sí que hay un par de coplas que te susurran que las salves de la quema. "Begone" crece desde los infiernos de un deprimido slowcore y termina explotando entre rasgueos frenéticos; tiene un punto emotivo como "No other man", ésta más modesta y menos sobrecargada. Sería un digno final que, sin embargo, reservan a un extraño split entre media canción electro-industrial pegada con loctite a otra de quejumbrosa psicodelia espacialoide. Produce un poco de lástima que un disco que cuenta con colaboraciones de gente de L'Altra, Apse o Do Make Say Think no dé algo más de sí.
¡Que no es para tanto hombre! El disco no es ninguna maravilla y se hace largo, pero se puede escuchar.
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