
Anari lo ha vuelto a hacer y uno no puede menos que quedarse de piedra ante una demostración de superioridad de tal calibre. Lo dicho para Zebra no ha perdido ni un ápice de su vigencia cuatro años después. Pero que ni un gramo. El cuarto disco de la guipuzcoana es otra obra de arte descomunal. Irla Izan vuelve a ser intenso y, si cabía, mucho más oscuro y sofocante. La senda slowcore iniciada en Zebra se vuelve cada vez más core, consecuencia de una producción crudísima - como no, cortesía de Karlos Osinaga - que no esconde una voz de nuevo sobrecogedora, endurecida y en ocasiones a punto de romperse, tanto en los momentos más contemplativos - "Bidea eta denbora", "Zuhaitzena" - como en los más aguerridos - "Amua" -, épicos - "Harriak" - o melódicos - "Distanzia", cerca del maestro Neil Young -, y que sitúa a Anari cada vez más cerca de la gran Thalia Zedek.
Porque como Thalia ella es grande, probablemente la que más, y su música es poderosa. Pero precisamente tras ese envoltorio de fortaleza es donde esconde una fragilidad insoportable. Porque su poesía vuelve a esconder a una mujer débil dominada por el deseo. Porque con la mitad de lo que dice sería imposible vivir. Ella misma se clava el cuchillo y lo remueve hasta que la herida es irreversible. Pero es tozuda y lucha, ya que sabe que ella misma es el origen y la solución de todos sus problemas.
Dentro de este maremoto emocional lleno de escenarios ya conocidos, vuelve a dar rienda suelta a sus obsesiones, sus dudas y contradicciones ("dame tu piel / yo te doy mil preguntas / solo agarrada a ti me libero de mí misma", Zure Ertza/Horizonte), sus miedos ("te regalo un miedo para que entiendas cómo crece, cuantos tús necesita para respirar, cuántos yos para seguir viviendo", Harriak/Piedras) y su incapacidad para liberarse de los recuerdos ("Todo lo que perseguimos / es reflejo de algo que tuvimos / una ballena que no se mueve /.../ se convierte en isla", Isla/Reflejo), todo ello sin dejar de asumir su culpabilidad ("siempre he sentido que la distancia entre yo y todo lo demás / es mayor que la que hay entre todo lo demás y yo", Distanzia/Distancia). Su voluntad para lograr el cambio ("quiero volver a ser quien seré /.../ Robar el alimento al miedo / para dárselo a los sueños" Eskuineko bihotza/Corazón derecho) es una y otra vez derrotada por el deseo ("Amo como un huracán / todo lo deseo, lo muevo / aunque nada quiero", Bidea eta denbora/Tiempo y camino), y aunque no quiere aceptar su destino ("un día me comí un puente, piedra por piedra, para no ir donde tanto quería", Harriak/Piedras) y parece que busca un resquicio para la esperanza ("los caminos desconocidos / aunque los temamos tanto / siempre llevan mucho más lejos", Ihia/Juncos) al final siempre vuelve al mismo desesperante punto de partida ("sigo sin decidirme porque sé/ que esa decisión me va a partir en dos", Amua/El anzuelo) y no saldrá de ahí, no dejará de dar vueltas, de nadar para llegar a ninguna parte, porque Irla Izan es precisamente eso: Es desesperación y asfixia. Música que ahoga y que al mismo llena. Como si hubieses sido capaz de comer todas las piedras que esconde debajo de su cama.
Ganas, ganas, ganas...... de tenerlo en mis manos.
Hola, hemos realizado una entrevista con Anari para nuestra web. La dejamos por si puede interesar:
http://lumpen00.blogspot.com/2009/11/anari-hay-miles-de-cosas-intraducibles.html
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