
Aún sin entender por qué de repente algunos de los grupos indies más mainstream han decidido girarse hacia la pista de baile -al parecer, a su voluntad- (Franz Ferdinand o The Killers son los más representativos), podría parecer que Mando Diao pecan de oportunistas y quieren aprovechan el rebufo de éstos para intentar dar un pelotazo. Nada más lejos de telonear a los escoceses en España, los suecos presentan un disco que no tiene nada que ver con el giro dance-futurista de los escoceses (¿soy el único que piensa que Ulysses no desentonaría como un single de Justin Timberlake?) ni el halo glam u hortera de los danzarines Killers.
Y es que básicamente lo que ofrecen es un disco en el que el esqueleto pop que siempre tuvieron sus canciones en sus anteriores referencias -barnizadas primero por garage-rock (Bring’em In), por brit-pop (Hurricane Bar), luego por rock descuidado a lo Libertines (Ode to Ochrasy) o tintes entre el folk ruraloide y el rock bohemio (Never Seen the Light of Day)- en esta ocasión se envuelve de ritmos cercanos al electro-pop, de atmósferas sofisticadas que nos recuerdan a las películas de James Bond, o de melodías juguetonas que los sitúan cercanos a sus compatriotas I’m From Barcelona.
Desde el bajo sinuoso y contundente de Blue Lining White Trenchcoat hasta los arreglos orquestales a lo ABBA de The Shining, nos encontramos con 13 canciones entre las que hallamos tremendos aciertos (You Got Nothing on Me, Blue Lining…, Gloria o, por el momento, uno de los mejores singles de 2009: Dance with Somebody –que aprovechando la coyuntura, supera con creces a los singles del Tonight: Franz Ferdinand-), pero también con piezas que nos cortan el ritmo como High Heels –que no debería pasar de la mera anécdota-, el innecesario interludio de A Decent Life o la desubicada Crystal, cuyo agradable transcurrir cercano a una nana navideña se siente como un pulpo en un garaje respecto al resto de temas.
Estas canciones son las únicas que desentonan en un disco por lo demás muy homogéneo y unitario, con el que se consolidan como uno de los grupos más prolíficos de la generación 00s (5 discos en 7 años), donde también destacan como uno de los grupos más versátiles y hábiles en estudio, demostrando intuición, capacidad y talento para variar la sonoridad de las canciones. No obstante, y a pesar de lo provechosa que resulta la utilización de teclados, trompetas, violines y ritmos y coros juguetones, otorgando jovialidad y frescura a temas como Mean Street, Maybe Just Sad, o Give Me Fire, complementando el habitual toque guitarrero de los suecos, esta ligereza con la que dan bandazos estilísticos y cierta linealidad “clase media” de sus discos –discos notables, pero ninguno sobresaliente- les está haciendo perder cierta proyección en mercados como el británico o el americano, donde no acaban de romper y no pasan de ser un grupo (injustamente) etiquetado como de segunda fila, destinado a resistir como unos relegados a la sombra de otros grupos que acaparan más flashes, al igual que les ocurre actualmente a grupos como Travis, Stereophonics o Manic Street Preachers.
Un disco muy disfrutable, ideal para poner mientras te preparas para salir de noche que, a pesar del giro estilístico, no supone la reinvención de un grupo dueño de un sello propio característico y que, a pesar de ser ambicioso, no se permite mantener las rentas de su pasado y se molesta en cambiar, evitando el aburguesamiento de su propuesta. Lástima que a veces el resultado resulte algo irregular.
PD: Curioso, al menos, ver al grupo cantar en español en un barrio chicano de L.A. (en el DVD de la edición especial del disco).
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