
Lo peor de escribir una reseña musical es no saber qué decir de un disco. Poner a rodar Lylac en el reproductor de cds y empezar a mirar las telarañas de las paredes es algo inevitable. Y no es porque no me guste o lo considere indigno. Ni mucho menos. Si fuese así bastaría con ponerlo a caer de un burro, pero el problema es simplemente que no consigue captar mi atención por cualquier extraña razón. Y no será por no haber insistido, que su buena docena de vueltas en el reproductor las lleva ya. Los ingredientes en principio tampoco eran para echar a correr: piano, teclados imaginativos, ritmos sintéticos entrecortados y una voz femenina de aires hippie-contemplativo-espirituales que, esta sí, se puede volver bastante irritante. Su historia, por otro lado, parece de lo más sugerente: Tras algún sencillo, remezcla y varias participaciones en recopilaciones internacionales, :Papercutz han conseguido llamar la atención del sello canadiense Apegenine Recordings, que acoge a otros reputados miembros de la comunidad electrónica como Khonnor o Emanuele Errante. Lástima que lo de 'dime con quién andas y te diré quién eres' no siempre se cumpla.
Soy consciente de que el ser repetitivo no es algo que por lo general podamos achacar como defecto a un disco como el que nos ocupa y podemos dar por bueno que la ‘incomodidad’ que provoca la escucha de Lylac es algo voluntariamente buscado, pero también hay que reconocer que la frontera que separa una melodía ensoñadora de una soporífera, de lo estrecha que es, muchas veces ni se aprecia. Vamos, que no es lo mismo el ‘dream pop’ que el ‘pop for dreaming’. Por otra parte, lo que nunca se le puede negar a Bruno Miguel, artista portugués que se esconde detrás del nombre de estos :Papercutz, es un estilo bastante personal y reconocible, así como un potencial enorme aunque todavía por desarrollar. Debería mejorar y no dudo de que lo va a conseguir. Mientras tanto, Lylac ayuda a poner en el mapa y centrar nuestra atención en la escena electrónica portuguesa, casi tan desconocida en el mundo como la española. Aunque la proximidad geográfica por si misma sea un argumento bien pobre, supongo que se la merecen.
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