
Texto: Luvchenko, de cierraelmaletero.
Si obviamos el paréntesis que supuso Effects of 333 (¡Obviémoslo, por favor!), el primer disco serio que BRMC sacan al mercado tras el eficiente Baby 81 es un disco de contrastes, y no porque venga acompañado de grandes cambios en su sonido (que ni de lejos... ni falta que hace), sino por la diferencia de calidad entre la gran traca inicial y la floja segunda parte. Beverly Hills contra las chabolas.
Con las cinco primeras canciones a un nivel altísimo, comandadas por el resuelto tema que titula el álbum o la apisonadora de 'Conscience killer', un alud de guitarras malencaradas y percusiones marciales, parece que todo va a ir bien, que el rock n roll sigue en su sitio y que BRMC han vomitado un glorioso y contundente sexto album; pero la realidad acaba por imponerse, dejando al descubierto los pies de barro de un disco que apuntaba muy alto y que se descalabra en plena escalada.
A partir de 'Evol', el álbum da bandazos y se descontrola, naufragando en anodinos temas de relleno que bien podrían ser caras b de las flojas, con la salvedad, todo sea dicho, de 'The Toll' y 'Long Way Down', que al igual que la excelsa 'Sweet Feeling', emparentan con la cara más amable de estos tipos duros (ahora con nuevas baquetas, a cargo de la ex batería de los Raveonettes) la de aquel benigno y sereno Howl.
La actitud, las guitarras sucias y las pelotas siguen ahí, como también siguen los males congénitos de estos californianos que no entienden de términos medios (esas canciones saturadas de guitarrazos que acaban en un ruidoso e insaboro pastiche), presentando, en definitiva, un compendio de todos los vicios y virtudes de una gran banda. Una lástima que algo fallara en el camino, porque esto tenía muy buena pinta.
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