El quinto disco de Antònia Font es el que viene después del cuarto. Y con esto no pretendo reforzar la tesis de Joan Miquel Oliver, cuando dijo que su disco en solitario podría haberlo hecho Madona. Ni tampoco quiero tratar de estúpido al lector. Todos sabemos que, en principio, después del cuatro viene el cinco.
Pasa que Taxi se lanzó con tanta fuerza, desde Mallorca, que no sólo conquistó Barcelona. Pasó de largo y atravesó la Península de punta a punta. Y acto seguido, los misteriosos tipos conocidos como “la crítica”, decidieron premiarles con un ascenso: de la lista de lo mejor en catalán, a la de lo mejor de España (y olé).
La extensa colección de alabanzas que propició su antecesor, pues, ha convertido a Batiscafo Katiuscas (Discmedi, 2006) en el primer disco más o menos esperado de la historia de Antònia Font. Y eso que ya llevan cinco...
Pero por suerte a estos mallorquines no se les ha subido el humo a la cabeza y vuelven a obsequiarnos con un puñado de poemas costumbristas, metidos en cajitas pop y envueltos con papel del todo a 100. Dentro esconden oníricas visiones de un mundo muy particular, que ya no es el espacio exterior, por cierto.
El primer minuto invita a cerrar los ojos y tomar aire. Pero la auténtica inmersión empieza con Batiscafo Katiuscas, tema que da nombre al disco. A bordo de un submarino monoplaza entramos de lleno en la atmósfera del científico Yuripuskas: “rayos de sol atraviesan azules marinos, las algas se vuelven verdes y brillan las estrellas, que ya se ha hecho de noche, y el plancton se ilumina y cantan las ballenas a 30.00 kms de aquí”. Una soledad estéticamente impecable, violines incluidos, pero soledad, al fin y al cabo. Triste y melancólica. La suciedad de las guitarras nos condena a recordarlo.
Wa Yeah! es el single. La perla del disco. La más bailable, ochentera y comercial. La canción en la que Joan Miquel da rienda suelta a sus poco predecibles conexiones mentales: “qué divertido lo que escribo cuando estoy aburrido”... Una canción de amor, tarambana pero directa, en la que encontramos los principales argumentos de la discografía de Antònia Font.
Pero el pop en estado puro, al que han vuelto a abrazarse en Batiscafo Katiuscas, desfila uniformemente a lo largo de todo el disco. Tokyo m’es igual evoca relaciones imposibles (“Pekín no es Shanghai”). La letra de Amazones a sa lluna bien podría formar parte de Taxi: “amazonas selenitas, los collares de flores son grises”. Y Darrera una revista, en la que intervienen varios patitos de bañera, es otro alarde compositivo de Joan Miquel.
Pau Debon, vocalista del grupo, toma protagonismo en Love Song y Mecanismes, dos canciones de tres minutos que, pudiendo ser corrientes, convierte en inolvidables. En la primera por cómo dice “latitud sur”, y en la segunda porque se desgallita subiendo de tono hasta el final. No cabe pasar por alto, de todas formas, los coros de Joan Miquel en Love Song, al más puro estilo Blur. Ni la influencia de Julio Cortázar, pues además del excitante diálogo que es Tonto, el cual pone de manifiesto que las reglas existen sólo porque nos las inventamos, Mecanismes recrea las primeras cuatro páginas de Rayuela.
Con la ternura de Bamboo (“fuman los pescadores, blanca es la playa africana y un tiburoncito pequeño nada con la tiburón madre”) nos asomamos al final. Y el cierre, Replay, es un emocionante corte instrumental basado en las cuerdas que ambientan el descenso a las profundidades.
Batiscafo Katiuscas se merece, más que varias escuchas, un lugar de privilegio en tu estantería. En Cataluña empiezan a sonar con fuerza pero aún no han obtenido, ni de lejos, el reconocimiento que se merecen. Si con él descubres Antònia Font, prepárate. Y si ya los conocías, disfruta de uno de los discos del año y pásate por su web, que el video clip está muy bien.
Carlos G. Cano
Entrevista a Antònia Font
Web de Antònia Font