Cada vez que leo o escucho calificativos como promesa, sensación, dispuestos a renovar y otras sandeces en los medios de comunicación me echo a temblar: temo lo peor. Me asusta pensar en crédulos endebles, víctimas de hojas de promo y revistas de género. Salvadores del panorama nacional, dicen.
Cycle suena a Tang preparado, de sabor químico, color chillón y peor regusto. Produce dolor de estómago este exceso de reminiscencias ochenteras y demás cócteles en forma de nuevo hype, ya sea nacional o foráneo.
En el mejor de los cortes, pienso en push the bottom, up the volume, jump it now, y un sinfín de tópicos que dejan frío, inservibles para lo que se presupone existen, caldear ambientes cañeros. En otros me suena a máquina escacharrada, a experimento de científico novel que maneja fórmulas demasiado maduras y oscuras para manos tan inocentes. Entonces me atrevo a recordar Depeche Mode, The Cure, Joy Division, Sisters of Mercy y otros padres de estas generaciones mutantes resurgidas de un fantasmal recuerdo. Sin duda, no hay color, ni Tang, ni oído que los digiera. Bravo por los hits hechos tarjeta de visita, escúchese Apple Tree, incluso Confusion, bases intoxicadas de mantequilla de repostería ecléctica, tan de moda en garitos exentos de raiz, y herencias dignas que supongan una memoria.
No es necesario aguantar dolor de cuello mirando hacia atrás, pero conviene tomar buena nota de qué se hizo, cómo y por qué. Y saber, que ahora no se deben repetir hasta la saciedad, canciones como You know the surface, mejor camufladas que las ya mentadas, pero que me recuerdan a tantas otras. Aquello de tienes una cara común, demasiado vulgar para ser cierto. Otras como Break de peaceman, Interlude, aunque no comiencen mal, con dosis de actitud insertada, me parecen una chorrada suprema. Prácticamente el resto, cansinas, Mechanical, Ray of ease, e insoportables como Ghost on the fight site. Han hecho doce, pero podrían haber hecho cincuenta canciones. Esto habrá que comprobarlo, desde luego, en uno de sus múltiples conciertos. Está visto que la fórmula de girar mes tras mes en casa funciona, tenemos a The Sunday Drivers como máximo ejemplo; se lo creerán, ¿nos lo creeremos?. Aunque escuchado el álbum, vistas las fotos de presentación, tengo miedo al directo.