No es habitual encontrarse en el libreto de un disco una página encabezada con la frase "Estos son mis robots de palabras, frases y personajes - con y sin intención - e incorrecciones pretendidas" y bajo la cual se citen frases prestadas a otros músicos como David Bowie, Lou Reed, Deborah Harry, Germán Coppini, Santiago Auserón, Loquillo, Miguel Bosé, Los Chichos... con las explicaciones y porqués de los homenajes.
Pero es que el lucense Quique Fernández Muruais, que es quien se esconde tras Kimuru, parece un tipo peculiar. Poco conocido, su último proyecto fueron Los Comestibles, un grupo de versiones de lo más variado, pero también formó parte de Los Osos Montañosos y Los Fantomas.
Para la grabación de "Todas las naves son de plástico" se rodeó de músicos como Martín Alonso (guitarrista de Holywater), César López (bajo en Los Comestibles) y, sobre todo, Arturo Vaquero, responsable de la producción, cajas de ritmos e instrumentos varios, incluído un entrañable Casio PT-1.
Sobre las bases electrónicas se erigen los textos de Muruais, llenos de desparpajo y mucho morro ("comimos en un chino, hicimos un francés, muy pronto discutimos, jamás te he vuelto a ver"). El pop electrónico de Kimuru se debate entre el intimismo delicado de "El futuro de la Araña" hasta los ritmos nocturnos de "Tu ex" y "Bailactiva" , y escarba en la temática del amor y el sexo sin dar pie al tormento o la cursilería.
Madurez, personalidad, puentes musicales a influencias variopintas (de Caetano Veloso al pop español de los 80) y mucha ironía se combinan para un debut que no parece tal y en el que las historias son como juguetes que, por muchos años que tengan, jamás serán viejos.