A estas alturas sobra decir que La Costa Brava, grupo en boca de todos y extremadamente prolífico – Llamadas perdidas (Mushroom Pillow, 2004) es su cuarto album en dos años -, es el grupo que Fran (Australian Blonde) y Sergio (El Niño Gusano, Muy Poca Gente) formaron hace un tiempo para dar rienda suelta a sus delirios más pop.
El que en esta banda haya dos intérpretes tan distintos entre si hace que haya dos grupos de canciones bien diferenciadas: las cantadas por Fran y las cantadas por Sergio. Y si de un duelo futbolístico se tratara, el Sporting hubiera goleado al Zaragoza, que habría cuajado un gran partido pero no pudo competir con el mayor potencial de “Adoro a las pijas de mi ciudad” - se me hace imposible resistirme a acompañar a Fran cuando canta ese emocionante “...te lo cambio por amor...” - que junto a la declaración de intenciones inicial en “Falsos mitos sobre la piel y el cabello” y a los preciosos arreglos en su forma de ver la cara oculta de “El cumpleaños de Ronaldo” – “...me llamo Fran y quiero que todo el mundo se haga rico, para pasar junto a ti un verano interminable en Tarifa...” – forman un tridente imbatible para los más limitados recursos en voz del ex-gusano, con “Dos ostras” – o cómo no sacarle todo el provecho que merece un estribillo memorable que pide a gritos un sonido más simple -, “Vuelvo a ser yo” y su comienzo adictivo o la mezcla de psicodelia y electrónica de juguete de “Los jóvenes realizadores” como mejores armas.
Incluso el pop más clásico de “Toni” o “Treinta y tres” no tienen rival en a la intensidad de “Confianza ciega” o la declaración de amor de “Carta para Beyoncé Knowles”.
Pero en general y obviando quién esté al frente de cada tema, la conclusión que saco es que las canciones ganan cuanta menos complejidad poseen, cuanta menos parafernalia haya que las pueda llegar a hacer cargantes. Como en todos los discos de canciones, de melodias, las hay mejores y peores, y este Llamadas perdidas no iba a ser menos al respecto, aunque mantiene un nivel más que decente – un gran nivel, para que negarlo – pero con los altibajos provocados por tres auténticos temazos que elevan el listón por encima de la media del disco (y del pop nacional).