Puede que sea este álbum, la selección del diario de una mirada perdida que nos relata historias pasadas. Es necesario indagar, tras los sonoros, curiosos nombres de cada una de las canciones, para encontrar la sutil belleza que albergan.
Cuentan sentimientos, cuentan hacia atrás un abanico de situaciones, que parece sin terminar. Fragmentos no solo inacabados, sino con voluntad de ser adoptados por cada uno que lo escuche. El espíritu del pop melódico comienza en las letras, y es Carlos quien mediante una segunda voz, las crea y acompaña a Reyes cantando. Su voz, ya destaca en el panorama nacional. Timbre, dulzura, y arritmias que forman parte de las melodías, provocan balanceo de cabezas.
Guitarras que toman el papel principal, cediendo en ocasiones a los ritmos programados, como en uno de los momentos más carismáticos del disco en Las cosas lentas e incluso a los teclados. Momentos empapados de melancolía como Las piscinas en febrero, romanticismo, en Suances. De días como hoy, o mañana, esperanza y fantasías en Juberías, Loplop... O fotografías que tantos tendremos en nuestro cuarto de recuerdos como Tu casa en las alturas.
Aunque es el objeto final, el que merece la apreciación de su cuidada construcción. Evolución muy calmada, la de Portonovo, que En aquellos tiempos siempre era fiesta, han realizado un trabajo cerrado, evidente fruto de un desarrollo lento.
Entre tanto y tan rápido, se buscan de forma incesante marcas de identidad, signos que señalen hacia ti, y en este caso encontramos unos cuantos. Coge el disco, ábrelo, lee/escucha y para el reloj.