
Tras la disolución y enorme (no solamente por la duración) gira de despedida de Aina, buque insignia de Bcore durante años, había un trono que no podía quedar vacante, sobre todo estando por allí sus paisanos The Unfinished Sympathy. El grupo catalán llega a su tercer disco con un curriculum impecable. Sobre sus espaldas cargan ya con dos peel sessions, varias giras europeas y, tras debutar para Bcore con un disco homónimo donde ya apuntaban maneras a falta de concreción y confirmarse con An Investment in Logistics (Bcore, 2003), uno de los mejores discos nacionales del pasado año, en Rock for Food (Bcore, 2004) siguen explorando la frontera donde confluyen hardcore, pop y punk con mayor contundencia y claridad si cabe.
En este disco todo está en su sitio, nada se deja a la improvisación; las referencias no se hacen tan fáciles de concretar y las canciones, más allá de búsquedas y comparaciones inútiles, sólo piden ser disfrutadas y vividas como ellos quieren que las vivamos. Y es que si hay algo que unifica este disco y que se transmite al escucharlo es la pasión que hay puesta en cada nota; cada guitarrazo, cada pausa, cada segundo van directos a la entrepierna. Desde los primeros acordes de “Rainfrogs” hasta los últimos de “Windmills not giants” no hay un solo momento para el descanso. Los pelotazos se suceden uno tras otro; el comienzo es realmente demoledor y el tridente formado por “This living kills” - emocionante pieza cercana al post-punk -, la furiosa “Rock for food” - algo que en otros tiempos se llamaba rock duro - y “The loveless curse” - demostrando que también saben hacer estribillos pop – es muy difícil de superar. Cualquier momento de reflexión es breve y se hace trizas en menos que canta un gallo ("The ocean’s overflowed”); temas de estructura rocosa pero corazón pop ("You’ve got a long run”, “No father should bury his son”) dan paso a algún otro más arisco (“Elevenem”, el 11 de septiembre todavía colea) para completar un total de once cortes en poco más de treinta y cuatro minutos. Lo magnífico, si breve, dos veces magnífico.
Rock for Food eleva ya indudablemente a los puestos de champions de la primera división del rock estatal a The Unfinished Sympathy. No hay que pedir perdón por ser grandes; si alguien merece comer gracias a la música, son ellos y si con esta pedazo colección de canciones de rock and roll no te hierve la sangre, es que por tus venas solo corre jarabe de fresa.
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