Suenan las campanas. Extraños sonidos se amontonan en una atmósfera fantasmagórica. Nevereverdid y ¡llega el pop! Un piano, una voz, un trombón. “In Case We Die” (Sinnamon, 2006), a priori suena a cuento, pero poco a poco va tomando forma de disco para mayores, un poco pirados, eso sí, aunque tampoco mucho más que los que escuchan Of Montreal o Clap Your Hands Say Yeah.
Architecture In Helsinki es el grupo australiano más cotizado del momento. Afincado en Melbourne y con reconocidas influencias de los Beach Boys y The Magnetic Fields, lo componen ocho músicos que, en total, usaron durante la grabación del disco la friolera de 41 instrumentos.
De momento no tienen pensado venir a España, pero su segundo disco resiste muchas escuchas gracias, por ejemplo, a la originalidad de It’5. Un tema de dos minutos en el que dos niños enfadados por un caramelo, así suenan, al menos, resuelven frustraciones amorosas e interpretan fracasos de la vida.
Pero no acaba ahí el periplo de Architecture In Helsinki por el registro infantil. Tiny Paintings valdría como banda sonora de un videojuego de zombis. Tanta ingenuidad, no obstante, duplica la crueldad: “You let me down lightly, I killed you politely”, dicen en Frenchy, I'm Faking. Y Do the Whirlwind, paradigma de las canciones complejas por multi-instrumentadas, nos sumerge en un sueño poco menos que robótico.
In case we die (Part 1-4) es la canción que habría hecho Tom Yorke con cuatro años y The Cemetery, dedicada a un cementerio por el que pasan a menudo porque les queda cerca de casa, puro desmelene. Estas dos, posiblemente, junto a Wishbone, que resume todo, las mejores del álbum.
Helsinki es una de las metrópolis europeas que más crecieron en los 90. Sería maravilloso que grupos tan creativos como Architecture In Helsinki, ayudados por los renovadores vientos canadienses que exportan Arcade Fire y compañía, marcaran la pauta del crecimiento urbanístico del pop independiente actual.
Carlos G. Cano