Abrigarse cuando bajan las temperaturas, resguardase cuando llueve. Natural. Tan natural como la música de Barzin y su vida en diversas habitaciones porque fuera el tiempo es desapacible. El frío, real o metafórico, da a "My Life In Rooms" -publicado por un sello a seguir, Monotreme- un motivo, una razón por la que ser tan cálido, tan paciente.
Ahora además, ya no prima el ambiente sobre la composición, como ocurría en su notable debut, sino que el segundo álbum del canadiense contiene grandes momentos, con sentido por sí solos, pero con coherencia en el conjunto final.
Arropado por una banda solvente y con una nómina de colaboradores que incluye a miembros de Great Lake Swimmers y a Tamara Williamson -genial la combinación de voces en "Won't You Come"- el slowpop de Barzin sirve como perfecto sustituto de los mejores Red House Painters o de los injustamente olvidados Tram. Al igual que en la música de éstos, la calma y ausencia de adornos no implica simpleza o austeridad. Al contrario, cada canción contiene numerosos elementos, cada uno en su sitio, presentes para el oyente despierto pero difuminados como si no quisieran hacer demasiado ruido, por si alguien duerme en la habitación.
Es fácil dejarse llevar por sus letras escapistas -"Let's Go Driving"- e imaginar una historia distinta mirando a través de la ventana, pensar en los errores pasados, buscar y no encontrar soluciones -"Just More Drugs"-, lamentarse, arrepentirse, dar marcha atrás -"Leaving Time"-, sentirse orgulloso. Perfecto para el otoño. Natural.
Fernando Campelo
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