Pocos grupos más solidarios con el creciente incremento del gasto energético que Black Rebel Motorcycle Club. Aprovechando seguramente que sus instrumentos todavía estaban en garantía, debieron dirigirse al hipermercado más cercano a canjearlos por unos cuantos DVDs de National Geographic y Jacques Cousteau. Comprometidos con la defensa de los animales, quemaron sus chupas de cuero en algún contenedor de Los Ángeles para dar calor a los abundantes vagabundos y pusieron todo su empeño en olvidar a unos tal Jesus & Mary Chain, a los que asociaban una y otra vez las mentes malévolas. De paso aprovecharon para rebelarse contra el "presidente" Bush, ese tipo capaz de beberse el Mississipi con tal de salir en la televisión.
Conscientes de que el desarrollo sostenible es posible, bien pudieron coger un autobús para ir a vivir a algún recóndito lugar de la América profunda, con un petate y sus guitarras acústicas. El único que no parecía demasiado satisfecho con el cambio era Nick Jago, el batería, que tras unos meses pensándoselo, terminó volviendo con sus compañeros, que por entonces ya tenían medio grabado un disco, seguramente al calor de la hoguera y acompañados por unos cuantos granjeros "redneck" que habrían tocado sus harmónicas en algunas de las canciones.
Así les salió este tercer álbum, decepción para todos aquellos modernos que esperaban que estos chicos volviesen a cruzar el Atlántico para beber de las influencias de las tierras de Tony Blair, pero se quedaron en su país y abrazaron el credo, suavizado y dulcificado, de White Stripes aunque, no nos equivoquemos, algunas de estas canciones probablemente con el material adecuado bien podrían sonar a los BRMC primitivos, aunque parece ya demasiado tarde. De todas formas se agradece que no intenten repetirse otra vez más, porque para eso ya tuvimos su "Take Them On, On Your Own". Demos una cálida bienvenida a los Brave Rocky Mountains Cowboys.