¡Ni un paso más! Esta debe ser la máxima bajo la cual Interpol decidieron crear su segundo álbum tras el éxito obtenido con “Turn on the bright lights”, sin dar un paso en falso ni arriesgar lo más mínimo. Son muchos los grupos que, tras el inicio discográfico, no parecen satisfechos con su sonido, pero a estos neoyorquinos de no-me-muevas-el-flequillo, no parece afectarles esto, al contrario, viendo que la fórmula funcionó, ¡para qué diablos cambiarla!
Así les ha salido “Antics” con la salvedad de que ahora no cuentan con el factor sorpresa o “novedad” y, claro está, nos fijamos mucho más en las canciones, que esta vez sí parecen haberse decidido por ritmos ligeramente más contundentes. Inspiradas canciones como “Evil”, “Not Even Jail”, “Lenght of Love” tiñen de azul oscuro y humedad el ambiente, impregnándolo de la angustiosa depresión que desprenden las letras, cómo no, el amor (“C’mere”) y el tiempo, que parece un amargo trance, tirando un poco de la esquizofrenia y debatiéndose entre la reflexión y el desahogo (frenético como en “Slow Hands”).
Aprovechando la añoranza que en estos días muchos sienten (sentimos) por Joy Division, la aparición de Interpol permitió llenar ligeramente ese vacío, coqueteando con los sonidos oscuros y sacándose de la manga el carácter atormentado del que hizo gala Ian Curtis. Aunque es preferible disfrutar de la música sin darle más vueltas, no puedo evitar preguntarme si no terminarán devorados por esa alargada sombra cuando llegue el tercero. Que alguien encienda las luces...