No siempre te apetece estar alegre. Hay veces que, por circunstancias de la vida, necesitas encerrarte en tu habitación a oscuras. Cerrar la persiana y pensar que fuera está lloviendo. Aunque en realidad sea verano y luzca el sol. Y esos días solo quieres pensar que hay alguien a tu lado. Puede que te haga sentir apreciado o más triste si cabe, pero te hace compañía sin preguntar por tus problemas. Te susurra canciones en el oído mientras lo necesitas. Simplemente está ahí. Cierras los ojos y te imaginas a Linda Draper a los pies de tu cama entonando sus canciones y no estás solo. Ella y su guitarra. Y kilos de sentimientos expresados suavemente con su voz dulce. Poco más hace falta.
Una producción cruda en la que Kramer, productor también de Low, Galaxie 500 o Urge Overkill, nos permite que Linda sea esa amiga que necesitas. Sin estorbar para nada en la conexión que se produce entre ella y tú. Es de agradecer. Como le podemos estar agradecidos a Mushroom Pillow por editar el cuarto disco de la artista neoyorquina. Porque nos puede hacer falta recurrir a ella en cualquier momento. Porque nos puede surgir la necesidad de escuchar su voz. Porque nunca hay suficientes Neko Case, Dayna Kurtz o Nina Nastasia (quizá la más próxima a ella). Porque la propuesta de Linda es diferente a las otras. Porque Jezebel te puede poner los pelos de punta. Porque escuchar el inicio sincero (con error incluido) de Lifeboat se agradece en los tiempos que corren. O porque un disco que empieza con la suavidad de Superzero no puede acabar mal (la final One two three four lo demuestra). Un consejo: no hagáis caso de las estrellitas, pueden ser traicioneras…
Mushroom Pillow
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