Resulta un poco vergonzoso el desconocimiento que uno tiene de los grupos de Portugal, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, como si las inexistentes fronteras se volviesen casi insalvables. Pero un país con una oferta de festivales tan amplia e interesante debería tener también unos cuantos cientos de jóvenes dando guerra con sus instrumentos.
Ha sido necesario que Discos Liliput publique el segundo trabajo de Plastica, "The Red Light Underground", para que algunos conozcamos a este grupo que, paradójicamente, abandonó la multinacional EMI (que los había fichado tras el éxito cosechado por su primer disco entre la prole portuguesa) por "incompatibilidades creativas" cambiándose a un sello independiente (Metro Discos).
Además, aunque sólo tienen dos discos, se han fogueado sobre el escenario acompañando a importantes bandas británicas sobre todo, algo que les ha hecho crecer (y algunos seguíamos sin enterarnos).
"The Red Light Underground" es un disco que interesará a aquellos que gusten del rock setentero y la psicodelia, por este orden, pues el disco está dividido (en estos tiempos hay que echarle algo de imaginación) en dos partes (dos caras). La primera de ellas es la que contiene una mayor carga rockera con tintes pop. En ella aparecen los temas que más fácilmente pueden llegar a primera escucha, como "Lucky Ones" o "Boys, Girls & Toys", que tiran de riff. Y ya desde un primer momento la voz y forma de cantar de Miguel Fonseca me recordó a la de Bobby Gillespie, de Primal Scream, claramente en los temas "Get off my Cloud" y "Radio Energy", próximos a la banda británica en su faceta menos electrónica.
A partir del corte 7, "Generation Calling", nos encontramos con una suave pero apreciable transición hacia la psicodelia, y el disco se torna brumoso, dejando de lado el componente más ruidoso para dar rienda suelta a una cara más acústica ("Generation"), más pop ("Around"), más rica en matices pero sin saturar. Trazan así un extraño pero bello viaje a través de melodías dulces y cíclicas "Sexy Belly", túneles del tiempo como la canción que da nombre al disco, con un tono que se va pausando progresivamente, tornándose reflexivo y paciente.
No parece que hayan sido 50 minutos. El viaje ha resultado agradable y aquello de las "incompatibilidades creativas" comienza a comprenderse: ¿hubiese podido Plastica sacar con EMI las 8 canciones de la Parte B?