Parece que el último “enfant terrible” del rock americano ha descubierto su lugar en la industria musical. Harto de intentos de asalto a los charts a base de propuestas más o menos ecléticas (Gold), experimentos más o menos afortunados (Love Is Hell) o concesiones al rock más sucio (Rock´n´Roll) Ryan Adams se queda con el country-rock que le dió a conocer, tanto como en su primer trabajo en solitario (Heartbreaker) como en sus trabajos al frente de Whiskeytown.
Jacksonville City Nights es el segundo de los tres trabajos que nos ha prometido el de Carolina del Norte para este 2005 y sigue la línea del anterior Cold Roses, si bien este va un paso más allá. Acompañado como el anterior por The Cardinals como músicos y compositores en la mayoría de los temas, una vez tomado el camino, parece no haber marcha atrás en la carrera hacia sonidos más tradicionales. No hay lugar para fusiones imposibles ni contaminación de los sonidos más puros y simples.
La apertura con A Kiss Before I Go es un indicador de lo que nos vamos a encontrar a lo largo de los 14 temas del disco (esta vez, a diferencia del Cold Roses, un cd simple). Country, folk, baladas e instrumentaciones básicamente crudas para un disco relajado, tranquilo, sin sobresaltos, igual que su predecesor.
En Silver Bullets le acompaña una orquesta, pero es la excepción. Dear John es un precioso dueto con Norah Jones. Peaceful Valley destila un cierto olor irlandés con esos violines marcando la transición entre estrofas. Trains es una especie de ragtime. September es quizá el momento más emotivo del disco, el tema más Ryan Adams. Withering Heights amenaza con arrancarse en un pasaje instrumental, pero no. The Hardest Part es de esas canciones country con historia de perdedores en primera persona. Pa nos hace pensar en Kris Kristoferson, The End en Gram Parsons, My Heart Is Broken también. O quizá en Emmylou Harris. Y para rematar un tema de aires tradicionales: Don´t Fail Me Now.
Que nadie se espere un toque de modernidad o una innovación espectacular para la música del siglo XXI en este disco. Simplemente quien disfrute de este estilo pasará cuarenta y cinco minutos agradables. Y sólo agradables porque este disco está a un nivel inferior que el notable Cold Roses, aunque gana con las escuchas… si estás dispuesto a darle esa oportunidad. Parece que el “genio” ahora no aspira a ganar mucho (más) dinero, sino a esperar que la historia le recuerde. Veremos…
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