Estos versos pertenecen a uno de los 12 temas que conforman el debut de Oliver y Chris Wood. Una muestra del espíritu de un disco, a contrapelo desde el título mismo. Una pequeña joya que permanecerá oculta para siempre, que sólo existirá en el corazón de los que lleguen a apreciar la grandeza de lo pequeño y lo simple. Una guitarra (acústica casi siempre) y un contrabajo cargan con el peso de un disco completo (en cinco temas Kenny Wollesen les acompaña con una ligera percusión), lleno de canciones sencillas con sentimientos optimístas y tan simples como las composiciones. Tan simple que desarma. Just when your faith is gone/Give it one more day dicen.
Chris y Oliver decidieron unir sus fuerzas, después de muchos años separados en distintas ciudades y proyectos musicales, y entregarnos este entrañable disco lleno de blues, de country, de soul, de gospel, del sur y del norte, de buenas intenciones y de modestas pretensiones. Ahí radica su virtud. The Wood Brothers no pretenden hacer nada nuevo, ni entregarnos una obra maestra, ni acaparar la atención de las masas. Simplemente han grabado lo que les sale de dentro. Y eso, en tiempos revueltos, es más que suficiente.
Me veo en la obligación moral de intentar describir como suena el disco más allá de los sentimientos y sensaciones que despierta. Sinceramente, soy incapaz: Robert Johnson, Woody Guthrie, el delta, el sur, los pantanos, recogedores de algodón, vaqueros trasladando el ganado a través de las llanuras, Faulkner, el reverso luminoso de Deliverance, una puesta de sol desde el porche de una casa de madera, el cielo azul, los campos de trigo, antros de “negros” atestados de humo y, sobre todo, doce canciones. No sé si habrá continuidad, pero lo hecho, hecho está. Por mí que sigan ensayando en la pradera de delante de su casa.
If I die young
At least I got some chocolate on my tongue