Publicado en 1997 por Hut Recordings. Tercer álbum de The Verve tras "A Northern Soul" (1995) y "A Storm in Heaven" (1993).
"Urban Hymns", tercer y último disco de The Verve, casualmente fue el que los hizo famosos mundialmente, sobre todo por la difusión que tuvo "Bittersweet Symphony", canción que abre el álbum y empleada hasta la saciedad para campañas publicitarias. Pero el disco contiene muchas más canciones que muestran cómo evolucionó el sonido de los Verve d más sucio, guitarrero y desnudo en "A Storm in Heaven" (primer trabajo, en el año 1993) hasta la exquisita elaboración de "Urban Hymns" en el año 1997, que daría paso a los trabajos en solitario de Richard Ashcroft, que no lograron alcanzar la frescura de sus composiciones anteriores.
El parto de "Urban Hymns" fue difícil, sobre todo porque antes de la grabación del mismo, Ashcroft, Salisbury (batería), McCabe (guitarrista), Tong (guitarra y teclados, actualmente en The Shining) y Jones (bajista, forma parte de The Shining con John Squire -ex Stone Roses-) decidieron tomarse un descanso, supuestamente por los problemas de Ashcroft con las drogas, con las que probablemente se hubiese pasado (sólo hay que mirarlo, está demacrado el pobre hombre); entre las amistades de Ashcroft se encuentran los hermanos Gallagher, otros que tal bailan (o bailaban, según dicen).
"Bittersweet Symphony" no es más que un sample de los Rolling Stones titulado "The Last Time" al que Richard Ashcroft añadió la letra y construyeron una maravillosa canción apta para todos los públicos y que, desde entonces, se aferró para siempre a The Verve. Todo el disco se caracteriza por una producción llena de detalles y orquestaciones. La presencia de singles quizá es la mayor diferencia respecto a, por ejemplo, "A Storm in Heaven". La balada "The Drugs don't Work" conquistó muchos oidos, y en la que los lamentos de Richard Ashcroft van dirigidos a un alejamiento de las drogas, conjugando los arreglos instrumentales con su guitarra acústica; ¿autobiográfica?: "si me dejas, estoy mejor muerto". Memorable también "Lucky Man": "la felicidad, más o menos, es un cambio en mi, algo en mi libertad", suena tan brillante y clara que es dificil no esbozar una sonrisa al escucharla. También es muy conocida "Sonnet", elegante y pausada: "sí, hay amor si lo quieres"; Ashcroft continúa profundizando en los sentimientos, triste y depresivo y en la que parece querer purgar algunos de sus quebraderos de cabeza. El amor es otro problema, "no hay espacio y tiempo para mantener nuestro amor vivo, existimos pero eso es lo único que tenemos en común" dice Ashcroft en "Space and Time", o "Velvet Morning", en la que, a través de otra balada, ésta con toques más rústicos, nos describe fragmentos de la soledad. "Weeping Willow" es una de las preferidas de nuestra compañera de redacción Ivy, de hecho fue ella quien me descubrió a The Verve, "no habrá tiempo mejor, no habrá forma mejor, no habrá día mejor para salvarme". Suena más animada que las anteriores, pero aun así Richard parece atormentado por el tiempo, demasiadas preocupaciones; las voces se entremezclan por todas partes, algo que parece encantarle a Ashcroft pero que, por momentos, me resulta muy cargante (y no digamos en sus discos en solitario). Al menos tenemos "This Time" para alegrarnos con su ritmo funky.
Los momentos más sicodélicos vienen de la mano de "Catching the Butterfly" y "Neon Wilderness". La primera desprende ritmos bailables pero su atmósfera cargada da paso a la composición más experimental de los de Wigan, próxima a algunas de sus canciones del primer álbum como "Already There" o "Beautiful Mind", semejantes a volutas de humo flotando en una habitación.
Sin embargo no sólo de pop dulce y orquestado vive "Urban Hymns". "The Rolling People" y "Come On" desprenden fuerza y ritmos pegadizos, tal como ocurría con muchas de sus composiciones de discos anteriores, como "Blue" de "A Storm in Heaven". Ambas fueron compuestas por el grupo conjuntamente y en ellas las guitarras toman protagonismo y marcan la otra cara de The Verve: por un lado tenemos el pop, más o menos melancólico, de Ashcroft y por otro la garra que muestran las canciones compuestas por el grupo al completo (¿es esto reflejo de las divergencias de sus miembros?). "Come On" sirve de genial despedida de The Verve, recuperando esos ritmos más antiguos y haciéndonos viajar a través de sus guitarras distorsionadas y pesadas, con un Richard Ashcroft que da rienda suelta a sus emociones y agresividad. Memorable final, "this is a big fuck you". Una vez termina la música, y diez minutos después, los vagos sonidos de sintonización de un dial de radio acompañan a la hipnótica despedida, marcada por el llanto de un bebé; y The Verve se pierde en el espacio y el tiempo, aunque siempre los recordaremos: tuvieron un digno y honroso final, lo dejaron justo cuando el reconocimiento llamaba a su puerta.