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Azkena Rock Festival 2007 - Sábado

30 de Septiembre de 2007

Texto: David Watts.
Fotos: Fernando S.T.A.R. y David Watts.

Sábado 1 de septiembre.

¿Por qué grupos como Astrud o La Habitación Roja (sin entrar en valoraciones de calidad) disponen de plataformas mediáticas mientras que otros como Hoey & The Mussels viven en el más atroz de los olvidos? Eso me preguntaba mientras el grupo con base en Pamplona iba deshojando sus canciones delante de unas pocas almas que llegaron a tiempo para ver su concierto. Ecos de Waterboys y country para una banda de las que deberían tener más proyección, pero que parece que tienen pase limitado en los medios. Hay más. Ahora mismo se me vienen a la cabeza The Freewheelin’ Tornados que también estaban en la final del concurso que Converse organizó para elegir la banda que abriese el segundo día del festival. A los Mussels les sentaron bien las zapatillas. Nunca había entrado tan temprano en el recinto.

Sexty Sexters le pusieron garra y se llevaron su éxito, pero no son mi estilo. Por supuesto me negué a atravesar un tunel del tiempo indeseado para degustar a los trasnochados Clawfinger. Pero a Super 400 no me los iba a perder. Un despiste hizo que no nos acordásemos del prometido acústico en una minúscula carpa del recinto, pero su concierto si que no podía pasar. Cuando tantas veces se repitió que los americanos podían ser la sorpresa del festival, esto deja de ser sorpresa para ser realidad. El power-trío nos ofreció un catálogo de música setentera pasando por todas las posibles variantes e incluso permitiéndose una versión de la mítica Cowgirl In The Sand de Neil Young. Cierto que Kenny Hohman no posee mucho carisma escénico, pero ya está la preciosa Lori Friday para arrastrar las miradas (mayoritariamente masculinas) del festival. Mucha clase, la chica, y muy bueno el recuerdo, que va creciendo, del concierto del grupo. La mejor, Green Grass End, un pedazo de tema oculto entre la avalancha de grupos que aparecen en un superpoblado panorama musical.

Quique González estaba desubicado. Su presencia dentro del festival y él mismo. Se esperaba un recibimiento hostil, y sin llegar a esos extremos, sí se encontró un público escaso y frío. Estrenó disco mientras su voz temblaba y su repertorio se tambaleaba. Al final, la gente si coreó Vidas Cruzadas, pero muchos desde lejos, en las barras y el mercadillo.

The Cynics fueron un parche de última hora, pero eso sí, un parche de lujo. Pusieron la máquina en marcha y atacaron con energía una veintena de canciones, casi todas clásicos del garage ya. Un Michael Kastelic embutido en unos glamurosos pantalones plateados acaparando todo el protagonismo a base de histrionismo y recorriéndose todo el escenario de cabo a rabo en cada canción. Eso sí, el exceso de energía acabó por ir disipándose poco a poco a un cansado público que aún tenía que dosificar energías.


Energías que se soltaron de golpe con el espectacular, repito, espectacular concierto de Hoodoo Gurus. Mucha expectación había en torno al mítico combo australiano y miedo de que no se viesen colmadas esas expectativas. El miedo se disipó ya en el I Want You Back inicial. Sonido potente y setlist de ensueño a base de Greatest Hits. The Righ Time, Waking Up Tired y Come Anytime a continuación avisaron de que esto podría ser memorable. Una única concesión a su más reciente Mach Schau con Chop dejó paso a A Thousand Miles Away. Las expectativas pulverizadas. Dave Faulkner y Brad Sepherd se complementan perfectamente, tanto en lo musical como en lo estético. Las poses y el look de rock’n’roll star del guitarrista choca con la pinta de todo menos de estar encima de un escenario del cantante. Pantalones a rayas, camisa de lentejuelas y melena con patillas uno, calvo, pantalón blanco y camiseta de Disneyland el otro. Llegado este momento, Faulkner, siempre dirigiéndose al público con su español de curso CCC, preguntó que queríamos escuchar y alguien en las primeras filas (en realidad, mi amigo Iñaki) consiguió que tocasen la olvidada Out That Door. Llevan tiempo sin tocarla y sonó como si la hubiesen ensayado durante el último mes. Una prueba de la profesionalidad de estos tipos. Bittersweet (increíble momento ese en el que entra la banda después de la primera estrofa), What’s My Scene? o I Was A Kamikaze Pilot sirvieron para completar un concierto que rozó la perfección y que se cerró con Like Wow- Wipeout. Se retiraron pero aún tenían más preparado. Casi me levanto por el aire cuando los bises arrancaron con Death Defying, un tema que debería recordarse en el libro de la música pop del siglo XX. La habitual Be My Guru puso el broche de oro a una de las actuaciones más esperadas del ARF y que cumplió con creces.

No había en cambio mucha esperanza para la segunda visita al ARF de DKT/MC 5, en broma llamados MC3, y que en Vitoria serían MC2 pues Thompson también ha desertado. Hace tres años el concierto-homenaje perpetrado por los últimos elementos vivos del mítico combo de Detroit se había convertido en una fiesta con Mark Arm de Mudhoney, Nicke Royale de Hellacopters y Lisa Kekaula de The Bellrays como invitados. Este año el sorpresivo Adam Pearson de Sisters of Mercy a la guitarra y un pésimo Handsome Dick Manitoba de Dictators a las voces hicieron que las canciones del mítico grupo sonaran rancias. Casi la única sorpresa del concierto fue el inicio con un tipo disfrazado de preso de Guantánamo de rodillas delante del escenario. El tipo resultó ser Wayne Kramer protestando por el trato a los presos en su país. Al menos les queda alguna gana de seguir intentando cambiar el mundo, pero con la boca pequeña. De lo peor que pasó por Gasteiz.

Para rematar, la organización eligió a los irlandeses The Answer que pusieron patas arriba al público que aguantaba todavía en pie. Unos de los triunfadores del festival. Si me preguntáis a mi, personalmente, una decepción. Su disco Rise me generaba dudas pero esperaba aclararlas en directo. La voz chillona de Cormac Neeson me resulta un poco cargante y en concierto se dedicó a lucir sus grititos agudos a lo Robert Plant durante el tiempo que duró. Una lástima porque son unos grandes músicos y tienen algunas canciones destacables. Eso si, si le preguntáis al ochenta por ciento de los que vieron el concierto os dirán que fue uno de los mejores. Así que, ya sabéis, no me hagáis mucho caso.

Los Monasterio DJ’s empezaron su sesión de puro rock’n’roll mientras la gente se iba retirando poco a poco arrastrando los pies. Los más valientes aguantaron hasta que a las 7:30 de la mañana el Azkena Rock Festival cerró su edición del 2007. Los demás tuvimos que retirarnos pese a los ánimos de los DJ’s barceloneses. Una pena que se acabe esto. Esperemos estar por allí el año que viene, si no es así, fue bonito mientras duró.


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