Texto: David Watts
Fotos: David Watts y Polaris
Sábado
Con la comida aún en el esofago y después de unas carrerillas llegamos a ver el concierto de Baby Woodrose. Enhorabuena a la organización por este parche de última hora (cuando las cosas se hacen bien, hay que decirlo) en lugar de Donita Sparks. Para mi, mejor. Los daneses no tienen nada que ver en concierto con lo que ofrecen en sus discos. En los discos suenan canciones pop psicodélicas y elaboradas. En directo suenan guitarras y más guitarras. Entre el stoner y el la psicodelia más dura, con el fuzz a tope, Lorenzo Woodrose se deja llevar y sus dos compañeros lo siguen. Me recordaban más a los Monster Magnet empapados de ácido de sus inicios que a cualquier grupo de los años 70. Un eterno y distorsionado solo a todo volumen mientras el fondo iba variando. Merecieron la pena las carreras.

Sex Museum debieron pensar que iban cortos de sonido tras ver a los daneses y se pasaron. Amplis al 11 y su show habitual. Son muchos años ya, quizá demasiados para mi. Jugaron a ser 2 Many DJ’s mezclando “Fight For Your Rights (to party)” con el riff de “Smoke On The Water”. Desde fuera de la carpa el volumen era suficiente, dentro no se paraba. Demasiado.

John Cale decidió dejar delante sólo a sus más incondicionales y empezó fuerte. Con el más experimental de todos los temas de rock experimental que tocó. El que quiera entrar en mi juego que derribe la puerta, los demás todos detrás. O en el campo del lateral del escenario. Cale hace que Bowie y sus discos berlineses junto a Eno parezcan música de los 40 principales. Hermético y respetado a partes iguales, no creo que se haya llevado muchos fans de Mendizabala, pero los que ya traía quedaron más que satisfechos pese a no sonar ningún tema de la Velvet Underground.
Orange Goblin desgranaron su stoner y doom metal sin contar con mi ilustre presencia. Demasiados conciertos y hay que establecer una escala de preferencias.

No esperaba mucho de Duff McCagan y sus Loaded, pero fue peor de lo que pensaba. Duff está ahí por ser quien fue: el bajista de Guns’n’Roses. Ahora toca la guitarra e intenta cantar con no demasiada fortuna. La banda suena mal y las canciones no pasan de mediocres. Tocó “Good News” de Neurotic Outsiders mientras la gente miraba hacia los lados esperando que apareciese Steve Jones por ahí. Un tipo a mi lado confirmó que los Pistols salieron directos del escenario al aeropuerto la noche anterior, así que iba a ser imposible. Al final intentó meter un poco de chicha con “Dust’n Bones” y “It’s So Easy” de su ilustre ex banda. No me parece suficiente y sonaron regular. La versión de “I Wanna Be Your Dog” que usaron como fin de “fiesta” sólo sirvió para colocarla en cabeza como la canción que más veces ha sonado en Mendizabala.

Al otro lado, dos gigantes en una carpa. Dulli y Lanegan, o Gutter Twins. Mágicos. Es cierto que el disco no está a la altura de las (elevadas) expectativas, pero en directo las superan con creces. No sé si es una banda perfecta, el sonido perfecto, el juego de luces o la sola presencia de ambos encima de un escenario, pero la cosa funciona. El disco no deja de ser harina, agua y levadura, el directo genera el calor de un horno que hizo crecer todo eso. Lanegan, aunque parezca imposible, ha conseguido superarse en su tradicional hieratismo y limitar su único movimiento al que realiza al acercarse al micro. Dulli tiene esa cualidad que hace que no puedas apartar la vista de él. Carisma, se llama. “The Stations” y “God’s Children” nos sirvieron para ver que los dos nos iban a llevar a su mundo. La garganta profunda de Lanegan y la voz rota de Dulli. Dos formas de entender el mismo dolor. Da gusto ver a ambos intercambiando sus roles y sus voces, como ese “Bonnie Brae” a medias. Dulli se maneja como quiere, con guitarra, sin ella, al piano, al órgano, liderando la banda. Lanegan está allí, y eso basta. “Hit The City”, “Metanphetamine Blues”. Y las canciones de Saturnalia que ahora me parece mejor disco. Eso necesitaban “All Misery/Flowers”, “Iddle Hands”, “Bette Noir” y, sobre todo, “Front Street”, que nos dejó la imagen de Gregg Dulli ejerciendo de divo del soul, como Marvin Gaye, como a él le gusta. También algunos temas de su nuevísimo EP Adorata asomaron la cabeza, y versiones de José González y Massive Attack. En el bis dejaron sonar un “Shadow Of The Season” incompleto que casi provoca la locura, pero la noticia estaba ya en el escenario grande.

La reunión de The Jayhawks. Con Mark Olson. Con Gary Louris, por supuesto. También Tim O´Reagan, Marc Pearlman y Karen Grotberg. La misma formación que giró para presentar Tomorrow The Green Grass. Posiblemente su mejor disco. Posiblemente el mejor disco de country rock de los últimos 20 años. Íbamos a tenerlos delante. Bien merecían la pena los 700 kilómetros y el comer kebabs y hamburguesas frías. “Wichita” para empezar. Extraña opción, pero cuando llegaron los shalalas del estribillo, me di cuenta de que habían acertado. Aún llegaban corriendo miles de personas del otro escenario. Entonces “I’d Run Away”. Han pasado 14 años pero sigue la magia. Esas voces se siguen compenetrando perfectamente. Empiezan a surgir lágrimas en los ojos. Miraba alrededor y sólo veía sonrisas y emoción. “Over My Shoulder”. El público se mira y no sabe qué decir. Nos damos cuenta de que vamos a ver algo muy especial. “Real Light”. “Two Angels”. En estos momentos la explanada de Mendizabala es una suerte de karaoke multitudinario. “Take Me With You (when you go)”. Olson imita a Elvis, o a Johnny Cash; no deja de sonreir. Marc Pearlman tampoco. Y esta vez parece que va sobrio. “Waiting For The Sun”. Nudos en la garganta. “Clouds”. “Two Hearts”. Vamos a recordar esto durante toda nuestra vida. Seguro. “Settled Down Like Rain”. Ya puede pasar cualquier cosa. A mi alrededor hay parejas abrazadas, amigos abrazados, desconocidos cantando juntos. “Sister Cry”. “See Him On The Street”. “Nothing Left To Borrow”. ¿puede que Olson y Louris sean los mejores compositores de nuestra era? “Pray For Me”. No la solían tocar sin Olson, que sigue sonriendo, Louris y Tim parecen más fríos. “Leave No Gold”, sirve de preparación anímica para el gran final. Lo que todos esperábamos desde hace mucho tiempo. “Blue”. Desafinamos todos a coro ese estribillo. Hace años Gary dijo que si esa canción no triunfaba, no sentía que pudiese hacer nada mejor. El tiempo le da la razón. Mendizabala es una fiesta. La gente se abraza con el que está a su lado. Enlazan con “Bad Time”. Ese inicio, casi a capella, lo entonan hasta los que están sirviendo cervezas. Inmenso. “Miss Williams Guitar”. Olson se atreve con el tema dedicado a su ex mujer. Nunca la tocaban sin él. No tenía sentido. Pensé que no lo harían. Se van. Los aplausos arrecian, pero no vuelven. Faltaron un par de ellas de esos dos discos únicos. “Ten Little Kids” sería un buen fin de fiesta, pero no nos vamos a quejar. A mi lado escucho la siguiente conversación. A: Este concierto justifica el precio de la entrada. B: Esto concierto justifica vivir. Ojala no sea un hecho aislado. Deberían volver. No sé si es el mejor concierto de mi vida, pero sí el más entrañable y especial.
Después de eso, otra reunión. J. Mascis y Lou Barlow al frente de Dinosaur Jr. Nunca fueron santo de mi devoción, ni siquiera cuando “Freak Scene” les proporcionó sus 15 minutos de gloria masiva. Después del recital de Jayhawks no era el mejor momento. Sonaron potentes, atronadores. Los tres solitos se encargaron de elevar los niveles de distorsión por encima de los ya mucho acumulados a lo largo de tres días y desgranaron, con esa apática voz mítica, los temas de su ya extenso cancionero. Convencieron a los fans, que es lo importante. El resto escuchaba desde la lejanía sin demasiadas quejas. Bien.
Los Lobos deberían ser un grupo de mi gusto pero, no sé por qué, no acabo de entrar en su juego. En las primeras filas, la unión entre público y grupo se hizo evidente. Dejaron sonar su tradicional mezcla de rockabillie, tex mex y rancheras dejando para el final sus números en la lengua de Cervantes, más apreciados por estas latitudes. Ver a los mismos rockeros que derramaban lágrimas con los Jayhawks entonando “Volver, volver”, derriba todos los tópicos y abre un nuevo camino para el Azkena, cada vez más ecléctico, pero sin pisar fuera del tiesto. Tras “La Bamba”, iniciaron una versión de “Cowgirl In The Sand” en contra de la opinión del encargado del escenario. Eso es autoridad y años manejándose en shows de más de dos horas.
Tres días son muchos días. También se reunían Jon Spencer Blues Explosion dejando claro que los dosmiles en general, y el ARF en particular, es buen momento para recuperar bandas. Me lo perdí. Demasiado cansancio, demasiada cerveza. Me comentan que Jon Spencer sigue siendo un gran showman, pero que parece que la fórmula se está agotando. Una lástima.
Una sesión de Anti-karaoke (¿inconveniente?) y nuevamente los Monasterio DJ’s se encargaron de cerrar la última edición del Azkena Rock Festival. El año que viene, seguramente nos veremos las caras los mismos de siempre. Los grupos, se marchan felices también. Y es que, en España, en lo que a Rock se refiere, no hay competencia.
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