Los médicos son mala gente, de lo peor, unos auténticos aguafiestas. Sólo eso podría explicar que alguno de ellos recomendase al bueno de Arthur Lee que se quedase en tierra y no tomase el avión que trajo a sus Love a Galicia, dando así un pequeño disgusto a buena parte del público, que se había desplazado en exclusiva para verlo...
Para no fallar a la tradición instaurada el año pasado, casi nos perdemos a Steelwood. Los gallegos tenían una espina clavada desde Mayo, cuando la lluvia impidió su actuación en el Festival do Norte de Vilagarcía. Pudimos escuchar "Strange Dream", una de sus canciones que más me gustan, aunque el sonido no era del todo redondo y las voces parecían sonar enlatadas en aquel escenario que, aunque pudiésemos llamar pequeño, resultaba enorme comparado con el secundario del año pasado. Era una de las novedades, dos escenarios grandes enfrentados y con mejores equipos de sonido. Mientras el trío finalizaba su actuación, los murcianos Second se colocaban en el otro escenario para comenzar segundos después de finalizar Steelwood.
Sería a la postre el único concierto que podría disfrutar plenamente por diversos motivos. Echando mano de sus tablas y la confianza en uno mismo que debe proporcionar eso de conseguir una distinción como "Banda revelación mundial" (que ganaron el año pasado, los denominados premios Bob), ofrecieron una sólida actuación, vibrante y entretenida, apoyándose en las canciones de su segundo álbum, "Pose" y presentando las que formarán parte del nuevo, que se publicará próximamente.

Su solista José Angel Frutos se mueve en el escenario como pez en el agua y da fe esta foto en la que su gesto coloca en paños menores a los aspirantes a "cantante" de los programas de la tele. Dejaron un gran sabor de boca, sobre todo a aquellos que no los conocían, y perfeccionaron el recuerdo de los que los escuchamos en el paupérrimo "hall" del Multiusos do Sar durante el Santirock 2003.
Como había que cenar, casi por unanimidad decidimos que sería antes del concierto de Love (without Arthur Lee), así que comenzó nuestra "odisea caldense" en busca de algo que llevarnos a la boca. Nos dividimos y mientras la mitad confiaban el llenado de su estómago a una hamburguesería donde los entrañables Niño y Pistola ya estaban haciendo cola, Desconcertada, Berenguelo (con su inseparable e invisible Prisciliano) y el firmante, nos dirigimos en busca de la "barra prometida", es decir, aquella donde uno pudiese asomar la cabeza para pedir un bocadillo y no fuese rebanada y servida como menú. Así, llegamos a un local al que entramos inconscientes e ignorantes de que tardaríamos mucho tiempo en salir: groserías, malos modos y pérdidas de notas. Por aquel entonces aun no teníamos confirmada la no presencia de Arthur, pero ya daba igual, el tiempo pasaba y las tripas pedían, más que amor, algo sólido. Salimos de allí con un porcentaje de bocadillos bastante mediocre, un 33%. Tras dar un par de vueltas más, volvimos a la robleda, contando con que Arthur y los suyos ya habrían terminado.

¡Que me aspen! (pensé cuando escuché la voz que chillaba), ¡menuda voz que le ha quedado a Arthur después de la última copa! Pero a medida que nos acercábamos al escenario (una multitud dificultaba el avance) el rostro del solista se nos hacía menos familiar, aunque el tono de su piel dejaba lugar a la duda. Al final nos aclararon que aquel era algo así como hermano de Arthur, extremo que todavía no hemos confirmado. Lo cierto es que la banda sonaba muy bien y los fans del grupo degustaban los temas, sobre todo del "Da Capo", asimilando que era la única forma de disfrutar. No hubo (al menos en el tramo final que escuchamos) abucheos, se aplaudió el esfuerzo de ese grupo descafeinado pero con un sonido espectacular.
Cansado (en un principio yo sólo, pero luego se vió que el resto de la prole estaba igualmente destrozada) me senté al lado de una carpa patrocinada por una marca de tabaco. Fue allí desde donde escuchamos la actuación de Vacazul. No sonaban mal en absoluto pero esto de los festivales no está hecho para gente que madrugue con asiduidad y la falta de entrenamiento es un punto en contra.

Luego le tocaba el turno a Xoel, esa paradoja andante capaz de ofrecer directos de lo más digno y algún que otro disco de lo más sosaina. Porque criticar el trabajo de Xoel es arriesgarse a recibir una sarta de insultos por parte de algunos de sus fans que son incapaces de comprender que puede no gustarte sin necesidad de sentir "envidia". Pero en concierto Deluxe es un grupo de lo más efectivo, aun cambiando sus roles, pues momentos antes algunos de sus compañeros habituales tocaban con Vacazul y esta vez no podían acompañarlo. Allí estaba el inefable Juan de Dios tocando guitarra y teclados casi al mismo tiempo o Loza, batería de Sex Museum, que aplicó a las canciones de Deluxe esa dosis de energía extra que hizo vibrar a una ingente cantidad de público. Manos en alto, gente saltando... Xoel algo más comedido que otras veces que lo había visto... (aunque esa palabra tampoco es que se ajuste demasiado a este showman). Del repertorio me quedo con "Song for Ana".
Un paseo alrededor del recinto dejaba constancia del furor que existe alrededor de las camisetas "rediseñadas", logos conocidos pero con un punto humorístico y, en muchos casos, muy gallego. Había unos cuantos tenderetes de este tipo (el bolsillo era lo único que me salvaba de comprarme alguna de aquellas geniales prendas) y luego los típicos de colgantes y cosas varias que nunca sabrás para qué sirven. Además del impagable desfile "perroflauta" y "gafapasta" que daría origen a dos nuevas especies, los "perropastas" y los "gafoflautas". La peor parte se la llevaban los chuchos, pisoteados por gran parte de los asistentes, pues a ver quién distingue en la noche a un perro negro o marrón oscuro.

Llegaban así Atom Rhumba que, según palabras de mi compañero Sierjo: no son el huracán sonoro que cuentan por ahí pero están más que bien. Mientras, echaba un sueñecito breve y ligero y me imaginaba en mi cama, con mi almohadita... ¡iluso! todavía quedaba por escuchar a Rinocerose, en rol de DJs, claro, sin complicarse mucho la vida tiraron mano de AC/DC, de Chemical Brothers, de sí mismos... A destacar que, aunque perdieron público, no fue tanto como el que esperaba.Algunos no teníamos las piernas para bailar y el estómago continuaba replicando, así que fuimos en busca del colacao perdido (que no dejaría de estarlo). Sería en la cafetería que hay a la entrada de la robleda donde viviríamos el enésimo encuentro en la tercera fase, esta vez con cuatro camareros. Entramos en el local, nos miran, nos sentamos, nos miran, los miramos, nos miran, hacemos gestos, nos miran... así durante cuarenta minutos. Inexplicablemente se acercaron a nuestra mesa cuando se sienta detrás una pareja, a la que uno de los camareros, sin dirigirse a nosotros, les dice de malos modos que "la cocina está cerrada". Ok. Se acerca a nosotros y le pedimos el colacao... "ahora no servimos nada, está cerrado", informa con un tono ridículamente maleducado. Analizando lo sucedido los 40 minutos previos salimos del local, no sin antes dejarles unas reflexiones en el aire a los cuatro camareros.

Cuando volvemos, de malas y con el estómago a punto de presentar su dimisión, Rinocerose siguen con lo suyo, ajenos a nuestra desgracia y con el público entregado a la causa. DJ Amable ya no entraba en nuestros planes. Y así fue una noche en la que, desgraciadamente, la música quedó en un segundo plano. El próximo año estamos avisados: avituallamiento de casa y, si no, conseguir un guía indígena que te lleve a locales donde te traten como a un ser humano.
Fotografías: Sierjo
Foto de Xoel López: Potatopicking
RSS Suscripción
:: :: Hemeroteca :: :: Aviso Legal :: :: Agenda antigua :: :: Enlaces :: :: Contacto :: :: Staff