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FIB 2006 - Domingo

17 de Septiembre de 2006

The Secret Society :: Madness:: Depeche Mode :: Placebo :: dEUS (pulsa para leer la crónica que desees)

Llegamos al último (penúltimo contando la fiesta de despedida a la cual no podríamos asistir) día del festival y aprovechamos para quedar para comer la expedición gallego-alicantina de Cabanes. Después de charlar, reírnos, planificar la tarde-noche y medio-comer, paramos un momentito en el hotel para poner rumbo al recinto al cual llegaríamos sobre las 6 y media de la tarde, una hora en la que separaríamos nuestros caminos, unos con dirección al escenario fiberfib.com y otros nos fuimos al vodafone fib club con la idea de ver a The Secret Society.

THE SECRET SOCIETY

Pepo Márquez (batería de Grande-Marlaska, antes conocidos como Garzón) llegaba para tocar la guitarra acompañado de Javi Vicente con otra guitarra y Andrés Perruca en la batería. Su disco suena tranquilo y acústico pero con una especie de energía contenida. Ya desde el inicio pudimos comprobar que el concierto iba a desbordar con rabia. Desde la primera nota se intuía algo emotivo en la música de esta sociedad, sonaban sencillos pero contundentes, se apreciaba en cada momento que algo te envolvía y cuando había subidas de intensidad se les veía poderosos sobre el escenario.

El público se mostraba muy respetuoso, en silencio, dejándose llevar por las melodías (pero que no sonaban muy pop sino algo más duro) que salían del escenario. Este público también aplaudía con entusiasmo cada canción y esperaba en silencio el inicio de la siguiente. La tensión que pretendían sacar de sus instrumentos se reflejó por un momento con la rotura de una de las cuerdas de la guitarra de Pepo en el tercer tema que terminó, no obstante, antes de cambiar de guitarra.

Mientras afinaba la nueva guitarra se encargó de recordarnos que en la otra carpa “tocaban The Editors su canción favorita”, comentario que provocó muchas sonrisas entre los asistentes pero ninguna deserción puesto que el concierto al que estábamos asistiendo estaba siendo muy bueno.

Moving units, Man vs. machina (fantástica) o My relationship with above sonaron francamente muy bien y con gran intensidad. Durante todo el concierto Javi Vicente se dedicaba a tocar guitarra, teclados y steel guitar. Andrés Perruca en la batería se encargaba de todo tipo de percusiones, con varios tipos de baquetas, golpeando la batería de manera ortodoxa u otras partes de la misma así como los monitores de sonido, incluso usó sus manos por momentos y se atrevió con un melódico en la maravillosa De costa a costa.

Pepo dejaba entrever una especie de timidez a la hora de dirigirse al público, como cuando nos comentó que “aunque parezca mentira, nosotros también sabemos bailar”, sentencia que abría el tema más animado y alegre de la tarde, Sad boys dance!! y que consiguió hacernos bailar ligeramente.

Pero no todo fue seriedad e intensidad, en un tema (eso sí muy emotivo) Andrés se dedicaba a golpear sutilmente la batería y llegaba un momento en que dejaba caer la maza sobre la batería, cada vez más arriba… hasta que se le caía y no la conseguía coger. Esto provocaba risas entre el público y entre los músicos, Javi era el encargado de recoger la maza y devolvérsela (entre bromas de ahora te la doy, ahora no te la doy) y vuelta a repetir la historia de caérsele la maza. La verdad es que fueron unas risas que contrastaban completamente con la seriedad y tranquilidad del tema.

Y si intenso fue el concierto, más lo fue la despedida con City Lights II, grandísimo punto y final a uno de los mejores conciertos del FIB.

Era temprano y aún quedaba bastante tiempo antes de la apertura del escenario verde, había conciertos interesantes como el de Yann Tiersen pero aprovechamos para hacer una última (o penúltima) visita al mercadillo, repito que es el mejor de cuantos he visto. También durante este tiempo nos dedicamos a charlar y reírnos con unos amigos gallegos con los que habíamos quedado mientras no empezaban Madness. En ese momento comprobamos como la publicidad vino hacia nosotros en forma de abuela que se escondía de su nieto y el nieto la encontraba entre nosotros, ¡tremendo teléfono de la marca anunciante que tenía la abuelita en cuestión!.

Entre charla y risas abrió el escenario verde y pudimos comprobar la encarnizada carrera que se pegaba la gente para poder entrar en la ya famosa “zona segura” y poder ver así los conciertos de cerca. Una cosa es correr por las primeras posiciones, que si no eres rápido podrás estar a unos 9-10 metros del escenario, pero con esta doble valla los lentos serían relegados a una distancia mucho mayor con lo que el acceso a tal zona se hacía muy difícil. Decidimos entonces quedarnos a mitad del recinto del escenario grande con muy buena compañía y sin los agobios de las primeras filas.

MADNESS

He de reconocer que este grupo no es de mi estilo pero entre la compañía, el público, el buen concierto que dieron y el repertorio que escogieron consiguieron que bailara y que me lo pasara bien. Muy amenos.

Ya desde que salieron en procesión, elegantísimos, con una sombrilla en la mano y empezó a sonar One step beyond todos nos pusimos a bailar y botar. Estar allí en medio y no bailar era imposible, todos alrededor lo hacían, ¿porqué no iba a hacerlo yo también?

Fueron cayendo clásicos que cada vez volvían más bailongos a los asistentes, The Prince, Shut up, Grey Day, House of fun, Embarrasment, It must be love, Bed & Breakfast o Baggy Trousers conseguían que, aunque fuera leve, mostrásemos movimiento en nuestros pies. También tocaron temas de su último disco (de versiones) como I chase the devil.

Antes de que acabara el concierto decidimos acercarnos a la puerta de acceso a la zona vallada para ver si conseguíamos entrar para el concierto de Depeche Mode; a lo largo de nuestro camino siguieron sonando hits como Our house o Night boat to Cairo, el tema que escogieron para terminar su actuación, un concierto al que no asistía con muchas expectativas pero que me resultó bastante ameno.

En ese momento ya estábamos en una fila para acceder a la zona segura. Nos tocó esperar a que saliera la gente que no quería ver allí a Depeche Mode.

Estábamos cerca de la entrada (¡vaya embudo!) y empezó a salir una poquita gente. Estábamos ilusionados por entrar, se contaban con los dedos de una mano las personas que teníamos delante y no conseguimos entrar. Los miembros de seguridad esta vez no dejaban pasar a los invitados y al público en general tampoco. Ni aunque salieran 5 podían entrar 5. El caso es que se pusieron a gritarnos que nos organizáramos, pero vamos a ver señores, que nosotros somos los que queremos entrar, si es por nosotros entramos 20000, son ustedes los que tienen que controlar que vayan entrando los de la fila, ¿como vamos a organizarnos nosotros? Pues vale, me organizo, yo tengo que entrar. Pero no era así, uno de los de seguridad decidió que, pese a salir gente de la zona, “no cabe nadie más, el aforo está completo, no intentéis entrar que no va a entrar nadie más”. Y no entramos… ni tampoco salimos, señores, les repetimos que nosotros no podemos organizarnos ¡que tienen que organizarnos ustedes! Pues al final cayeron en la cuenta de que la fila no se podía mover si no era con su ayuda… ¿no podían haberse fijado y habernos hecho caso cuando pretendíamos entrar? Así que, “gracias a ellos”, pudimos salir de aquel embudo y poder ver el concierto desde más lejos pero menos agobiados. Horas más tarde nos enteraríamos que a mitad de concierto dejaron entrar a mucha gente (¿pero el aforo no estaba completo?).

DEPECHE MODE

Dejando de lado nuestra decepción por la malísima gestión de la franja vallada, justo cuando empezó a sonar la Intro, empezamos a tomar posiciones para estar un poco más cómodos.

A diferencia del concierto que les había visto en febrero en Barcelona, casi desde el primer momento fueron soltando joyas de su discografía entre las que únicamente interpretaron cuatro temas de su último disco. A pain that I’m used to, Suffer well, Precious y John the revelador fueron las elegidas, una gran elección pues, para mi gusto, son de las mejores de “Playing the angel”.

Sobre el escenario estaban Dave Gahan (¿por él no pasan los años?), Martin L. Gore y Andrew John Fletcher acompañados de un segundo teclista y un batería. Martin casi todo el tiempo a la guitarra, Andrew en teclados y Dave de showman total, es increíble la energía que tiene, que transmite y como se mueve este hombre.

Con una puesta en escena muy buena con pantallas gigantes al fondo y proyecciones pregrabadas mezcladas con imágenes del directo, iban apareciendo temas históricos de la banda como A question of time, Walking in my shoes, Stripped, Home o In your room. La gente disfrutaba con el gran concierto que estaba viviendo y aún faltaba por llegar lo mejor.

I feel you fue el inicio de un final espectacular en el que la gente pudo escuchar lo que esperaba, Behind the Wheel, World in my eyes, la celebradísima Personal Jesus y la espectacular Enjoy the silence. Había pasado cerca de una hora y media de concierto y todos estábamos deseosos de más.

Llegaron los bises, excepcionalmente a Depeche Mode se les permitió hacer un concierto largo y con 3 bises aún encima, fue una gran suerte para los que nos encanta este grupo. Martin L. Gore fue el cantante esta vez, interpretó la tranquila Somebody que dio paso a la aparición del grupo, momento que aprovechó Dave para cantarle el cumpleaños feliz a Martin, “tema este” que coreó también el público. Photographic fue el preludio de la canción que todos sabíamos iban a utilizar para cerrar definitivamente el concierto, Never let me down again en la que, como siempre, Dave consiguió que todo el público balanceara los brazos al unísono siguiendo los movimientos del cantante.


Al final, hora y cuarenta minutos que, sin llegar a ser un conciertazo como el que había presenciado meses atrás, se convirtieron en algunos de los mejores minutos que pasamos en este FIB.

No habíamos descansado hasta ese momento y era la hora ya de llenar el estómago (a grito pelado nos lo pedía). A continuación le tocaba el turno a Placebo, con lo que escogimos el final de la zona del escenario verde para cenar algo.

PLACEBO

Sentados al final del recinto estábamos cuando entraron en el escenario y así nos quedamos. Atrás quedó la frescura que tenían en directo en sus dos primeras apariciones en el festival, allá por los años 1998 y 2000, también lejos quedaron sus dos primeros discos, para mí los mejores de toda su discografía.

Esta vez se mostraron sobrios, tocando bien (mucho mejor que antaño) pero aburridos. Considero que lo que hacen necesita algo de alegría y no la mostraron y a mí no me llegaron en mi ningún momento (y no fue por la distancia al escenario pues se escuchaba perfectamente). El setlist muy basado en su último disco y los temas que rescataron de sus anteriores discos, me parecen temas menores. Vale que alguna joya como Every you, every me o Special K tocaron, pero no consiguieron animarnos ni transmitirnos lo que hace años conseguían con esos temas.

Infrared, Post blue, Cops, Black eyed, 36 degrees (reinterpretada), The bitter end o One of a Kina no consiguieron sacarnos de nuestro sopor. Una pena por lo que fueron en directo pero me dió la impresión de que se hicieron mayores y eso es malo para hacer un concierto divertido y alegre que es lo que reclama su música.

Y por fin llegaba uno de los momentos más esperados por mi, lo esperaba con muchísimas ganas pero reticente principalmente por la hora (maldita hora para algunos grupos) y por la desbandada general de público (por si el grupo se desmotivaba al ver tan poca gente en un escenario tan grande). Pasaban las 2:30 de la madrugada y era el turno de dEUS.

Antes de entrar en la ya famosa zona vallada, pudimos comprobar cómo una chica con acreditación de VIp, charlaba amigablemente con otro chico sentados en el suelo, con una botella de vino y una copa de cristal cual picnic en la pradera, “ver para creer”

dEUS

Los belgas son uno de mis grupos favoritos. Siete años habían pasado desde la publicación del maravilloso “The ideal crash” y por primera vez los había visto meses antes en Madrid en la gira de presentación de su último trabajo. Aquel concierto fue muy bueno y quería más, mucho más de dEUS.

Tom Barman (alma máter del grupo) y Klaas Janzoons (violinista y teclista) son los únicos miembros originales de la banda, pero los tres acompañantes que escogieron para esta nueva aventura parecieron entender perfectamente el espíritu dEUS e interpretarlo como si estuvieran en el grupo desde el principio.

Ni les sentó mal la hora ni se vinieron abajo con la presencia de poco público ante el gran escenario del festival. Desde el primer momento, las primeras notas instrumentales de Theme from Turnpike, salieron a dar toda una lección de lo que es un conciertazo, entrega y comunión con el público. Con ese primer tema, parecían un grupo nuevo respecto al que había visto meses atrás. Mucho noise, mucha distorsión mezclada con cambios de ritmos y grandes melodías. Descargas sonoras que se apropiaban del ambiente. Sonaron tremendamente compactos con una potencia que me resultó sorprendente por su contundencia y motivadísimos.

Instant street, Fell off the floor man, Little arithmetics sonaron como nunca. Janzoons tocaba el violín como si fuera una guitarra por momentos, Mauro Pawlowski (guitarra) y Alan Geavert (bajo) poniendo voces o gritos según la canción lo requiriera y Stéphane Missghers aporreando su batería como un loco. Todo esto tuvo uno de sus momentos más salvajes en la increíble Suds & Soda, un clásico en su discografía y que provocó en mi el delirio desde los primeros toques de violín de su inicio.

Como si les fuera la vida en ello y sin desperdiciar un solo segundo, fueron lanzándonos bombas sonoras en forma de Sun Ra, Bad Timing, If you don’t get what you want, What we talk about when we talk about love y Nothing really ends.

Se acercaba el final de su concierto y Tom Barman se encargó de comunicárnoslo: “tenemos tiempo para una canción más” nos dijo en castellano. Y antes de que nos sintiéramos desdichados por ello pudimos apreciar que empezaban a tocar For the Roses. Si empezaron espectaculares, acabaron mejor todavía, impresionante ese final en el que lo último (y único) que se escuchó fue “Thank you”.

Se había acabado el otro conciertazo del festival. Junto a Franz Ferdinand, dEUS fueron los triunfadores del escenario verde, de principio a fin.

Eran ya las 4 de la mañana y habíamos visto lo que queríamos, a partir de este momento estaba convencido de que ningún grupo/dj podría quitarme de la cabeza que dEUS eran los vencedores en el último día del festival.

Pese al cansancio acumulado, aún hubo una última compra en el mercadillo y un buen rato junto a los amigos que habíamos abandonado en el concierto de Madness. Qué mejor forma que abandonar el recinto con la mejor compañía y con el gran sabor de boca de los conciertos que habíamos visto.

Se acabó el FIB para nosotros, el festival menos español de los que había presenciado in situ. Con cosas buenas de organización, sin grandes colas ni agobios para entrar, pedir bebida o comida o hacer las necesidades pertinentes (la espera podría haber sido peor como en alguna otra edición, eso sí, por lo que me comentaba mi compañera de aventuras, mateans, el espacio dedicado a las chicas era más bien escaso ¿para cuándo una ampliación de los barracones que hacen de baños?). En términos generales una buena nota para la organización eso sí, mención negativa en la gestión de la famosa zona de seguridad. En todas las ediciones anteriores nunca había habido problemas incluidos los años en que se había colgado el cartel de todo vendido, ¿por qué este año sí? Se dió la circunstancia de que este año el festival dejó de ser español y el porcentaje de extranjeros era enorme comparado con otros años, me inclino a pensar que eso pudo haber sido una de las causas. Estoy convencido de que la mayor parte de los españoles que asistimos al FIB es por la música y el ambiente, los extranjeros con la cantidad y calidad de los carteles festivaleros que hay por toda Europa considero que la música no es su motivación principal. ¿Conseguirían ellos en un momento poner en peligro la seguridad de los fibers, cosa que el público español no hizo en 12 años? Nunca lo sabremos pero esperamos que el año que viene el FIB no vuelva a sufrir episodios como el vivido el viernes y ¿por qué no? con muchos más grupos nacionales en el cartel, que los hay y de mucha calidad.

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