The Walkmen :: Pixies:: The Strokes :: Manta Ray :: (pulsa para leer la crónica que desees)
Después de haber dormido perfectamente a unos 25 minutos del recinto (qué tranquilidad en el hotel… qué maravilla… el primer año, de los 5 que fui al fib, que pude dormir a pierna suelta) y de haber comido genial en Benicàssim, nos dirigimos al recinto para asistir al primer día completo del festival.
Era uno de los objetivos a ver en el festival, por mi parte y por parte de otro desconcertado (zampabollos) que por desgracia no estaba presente en el FIB, así que puntuales nos presentamos en el escenario fiberfib.com
Eran las 8 de la tarde y hacía mucho calor, sin embargo esa carpa tiene un sistema de “refrigeración” que consiste en unos tubitos que pulverizan agua en puntos estratégicos del techo para suavizar la temperatura. Por momentos se agradecían y mucho.
Empezaron con una breve introducción instrumental del tema All hands and the cook, una carta de presentación potente y perfectamente ejecutada. Ya desde ese primer momento parecía que al cantante se le iba la vida en cada palabra que pronunciaba. Qué manera de poner toda la carne en el asador cada vez que abría la boca. La verdad es que pocas veces he visto a alguien entregarse tanto a la hora de cantar (con la forma tan peculiar que tiene) como este tío.
Tocaron temas de los tres discos que tienen, así como también se alternaban el bajista y el teclista a los instrumentos; a uno de ellos, en algunos temas, parecía que le daban espasmos al tocar. El batería me pareció buenísimo. En definitiva, un grupazo en directo que salió a darlo todo con lo que se metió al público en el bolsillo.
Tocaron temazos como Little house of savages, Wake up, una espectacular Emma, get me a lemon, Thinking of a dream I had o Don’t get me down. La ejecución de los temas impecable y el directo realzó todavía más la potencia y contundencia de las grandes canciones que tienen en disco.
Terminaron su actuación con, quizás, el tema más tranquilo de todo el concierto, Louisiana, en el que el guitarrista acabó tocando la trompeta, eso sí, antes de tanta tranquilidad nos obsequiaron con una tremenda canción que es The Rat.
Con el buen sabor de boca de haber disfrutado de un gran concierto, nos fuimos al mercadillo, que esta vez sí estaba abierto, para gastar algunos eurillos mientras sonaban de fondo The Futureheads. Yo ya los había visto y realmente me apetecía más ver los puestos que escuchar al grupo. Hicimos tiempo por allí, hasta que se acercaba la actuación de Pixies, momento en el cual procuramos ir pillando un buen sitio para disfrutar de su concierto.
En poco más de 2 años estaba ante la oportunidad de ver de nuevo a uno de mis grupos favoritos. Las experiencias anteriores habían sido dispares, la primera, poquito después de reunirse los Pixies en el Primavera Sound del 2004, se había colado en, quizás, el mejor concierto de mi vida. Poder disfrutar de Pixies y de los temas impresionantes que tienen a lo largo de su discografía en directo era increíble. Habían tocado increíblemente compactos (digo lo de increíble porque en todo el concierto ni se dirigían una mirada, ni hablaban entre ellos, ni se acercaban unos a otros, vamos, profesionales y nada más) y dado un conciertazo.
La segunda vez fue en Paredes de Coura 2005, Frank Black bromeaba con Kim Deal, todos se reían, se abrazaban, parecía que había complicidad entre ellos pero fue un fiasco completamente. Sonaron mal, setlist aburrido, Kim Deal perdida en los coros y desafinando, no había ritmo en los temas. Qué decepción y más después de haberles visto dar un concierto genial. Eso sí, no entiendo las críticas de gente que decía que se notaba que no se hablaban porque el concierto era malo, vamos, se nota que no los habían visto un año antes… por aquel entonces el hielo no se cortaba ni con una motosierra.
Así que mi interés se centraba en saber qué cara mostrarían y resultó que el FIB les puso las pilas… Bone Machine, Crackity Jones, Broken face, Levitate me, Cactus, Gouge away, era perfecto, sonaba genial, Kim no desafinaba y hacía muy buenos coros, y además se reían, disfrutaban, hablaban entre ellos y el concierto prometía igualar sino superar a aquel que tanto me había gustado en el 2004.
Además, empezó a sonar Monkey gone to heaven… pero no terminó. Antes de que acabara la canción, Frank Black se acercó a Kim, le dijo algo al oído y Pixies se largaron del escenario sin decir nada ante la sorpresa general. Comenzaron las cábalas por saber qué habría pasado: al ratito comenzaron a aparecer miembros de seguridad por la salida del foso con gente, pero la organización no informaba de nada aún; tuvo que pasar un buen rato antes de que alguien saliera al escenario y empezara a dar instrucciones (deberían de estar un poco más rápidos para tranquilizar al público). A gritos de “no empujar hacia el escenario” o “los Pixies volverán en breves momentos” la organización intentaba calmar al público, pero el mal ya estaba hecho. Una de las vallas de protección había cedido ante el empuje del público. ¿Pero qué estaba pasando aquí? El FIB había colgado varias veces el cartel de “no hay entradas”, muchas veces el recinto estaba a tope y nunca había ocurrido nada parecido. A Pixies hubo ocasión de verlos muchas veces anteriormente, incluso en aquel primer concierto en la península desde su reunificación la gente estaba como loca por verles, pero nada de provocar una avalancha parecida… no sé, pero en seguida se me ocurrió pensar en aquellos que no tienen respeto por los demás que tienen por costumbre tirar las cervezas a medio beber encima de las cabezas de la gente, o empujar sin más entre varios para ponerse delante de tí; para mí esas personas (energúmenos es el calificativo correcto) son las que se mueven por la fiesta y por beber sin importarle la música, y me cuesta creer que esos sean el público que durante 12 años ha asistido al festival. Una pena que el FIB ya no sea español… 
Veinticinco minutos después del parón, la alegría volvió a los presentes al ver aparecer de nuevo sobre el escenario a Pixies, pero ya no sería lo mismo. Sonó Wave of mutilation pero algo pasaba, le faltaban revoluciones, lo mismo ocurriría con Where is my mind?, en este caso por momentos hasta le quedaban bien esa falta de potencia, pero estaba claro que el concierto ya no sería como había empezado. Here comes your man, The holiday song o Nimrod’s song fueron aumentando en intensidad hasta la llegada del fantástico Vamos, que casi llegó a las cotas iniciales de contundencia que se mantendrían con Debaser, Tame o el tema que cerraba el concierto, Gigantic. Y aquí se nos acabaron los poco más de 45 minutos que duró la actuación de Pixies, al final consiguieron dar un buen concierto pero por las causas explicadas nos quedamos con sensación de rabia por lo que pudo haber sido musicalmente.
Después del concierto y antes de la llegada de Echo & the Bunnymen, decidimos que era un buen momento para llenar el estómago y descansar algo. Así que nos limitamos a escucharles de fondo mientras saboreábamos nuestros manjares y observábamos
al personal pasando por delante de nosotros. Si, como había mencionado anteriormente, el FIB tiene el mejor mercadillo de cuantos festivales he visitado, también he de decir que es el festival con mayor número de frikis por metro cuadrado. Aquí todo vale con tal de dar la nota. Si en algún momento de tu vida tuviste ganas de pasear en calzoncillos entre más de 30000 personas sin que nadie te diga nada, este es tu sitio. O si lo que prefieres es ir disfrazado cuando la inmensa mayoría no lo iba, pues vente al FIB. Aquí se reúne todo tipo de especimenes, y ojo, que no digo que sea malo, si no que me parece una forma maravillosa de divertirse de la cual deberían de aprender un montón de cazurros cuya única manera de pasarlo bien es ir al mogollón puestos/borrachos como cubas molestando a la gente. Eso sí, en las cinco ediciones del festival a las que he ido, nunca he visto ningún problema de peleas entre la gente. Así, entre frikis en gayumbos, trajes de superwoman, alitas de mariposa, batman con el simbolito dibujado por el sol en la barriga o “pelusas” con el uniforme del Barça, discurrió nuestra cena y posterior descanso, mientras de fondo actuaban los de Liverpool, Echo & The Bunnymen.
Y llegaba la hora del segundo plato del menú del día (también contundente), con lo que nos acercamos al escenario verde con la incertidumbre de si influiría lo que había pasado en el concierto de Pixies en la actuación de The Strokes.
Por fin sobre el escenario verde The Strokes, después de diversos rumores y guiños de la campaña publicitaria del fib (usando un tema suyo en una edición en la que no tocaban), y con menos retraso del imaginado al acabar la actuación de Pixies, empezaron a tocar los primeros acordes de Juicebox.
Sonaron muy profesionales, correctos, sobrios, sin grandes concesiones al público, Julian Casablancas mostrando una gran presencia sobre el escenario y con una ejecución de los temas perfecta. No me dió la impresión de que acusaran el peso de compartir escenario con un grupo de masas como son Pixies. The Strokes llegaron con las ideas muy claras para dar un buen concierto.
Los temas, de los tres discos que tienen, se fueron sucediendo a lo largo de la casi hora de concierto (que a mi me pasó volando) que ofrecieron, si bien, lo realmente fuerte (su primer disco) lo dejaron principalmente para la segunda mitad de la actuación. Hasta llegar a ella, habían tocado The end has no end, Red Light, The modern age, Heart in a cage Y NYC Cops. Hasta aquí todo iba sobre ruedas, pero con el inicio de las primeras notas de la tremenda Is this it, en la que Julian tuvo unos ligeros problemillas por llegar a algunas notas, el concierto fue a más (sí, era posible). Así, con la interpretación de los grandísimos hits de su primer disco intercalados entre otro puñado de buenos temas de los otros, casi ni me dí cuenta de
que habíamos llegado al final del concierto. Ize of the World, Someday, Hard to explain, You only live once, Last Nite (se me pusieron los pelos de punta al escuchar esta canción), Ask me anything o Vision of Division dieron paso a un punto y final sobresaliente con la perfecta Reptilia.
Se me hizo corto, muy corto, y por suerte no hubo problemas con los energúmenos dispersos entre el público. Por fin el FIB consiguió acercar un concierto de The Strokes a un montón de gente que no tuvo nunca oportunidad de verlos y esto en mi solo provocó unas grandes ganas de volver a asistir a otro concierto suyo en cuanto me surja la ocasión.
Tras la espantada general del escenario verde, nos quedamos unos poquitos para ver la actuación de Manta Ray. Si el directo de los asturianos ya es difícil para le mayoría de la gente, la hora a la que estábamos (sobre las 3 de la mañana) no ayudaba lo más mínimo a que alguien se atreviera a darles una oportunidad sin conocerlos anteriormente. Con un mínimo retraso salió alguien a escena…
Pero… ¿esto qué es? ¿Dónde se han metido Manta Ray? Sobre el escenario un grupo llamado The Transformers empezó a tocar ante el estupor general. Si el problema con Pixies y el parón nos sensibilizó ante cualquier incidencia en el día de hoy, esto ya se estaba convirtiendo en una broma pesada. Visto desde la distancia del tiempo ya pasado, me sigue pareciendo más pesada y de un mal gusto mayor. Ya cuesta que un grupo español toque en el escenario verde a una hora decente (los Transformers son también españoles pero no estaba anunciada su presencia en el lugar de Manta Ray) como para que a las horas intempestivas en las que nos encontrábamos no apareciese el grupo que yo estaba esperando con muchas ganas y sí alguien puesto por la organización. Un poco de seriedad señores, que el horno no estaba para bollos.
Por suerte la estancia de este grupo se limitó a un tema (si querían promocionarlo que les pusieran a tocar un concierto entero a las 5 de la tarde y no delante de alguien de la trayectoria de Manta Ray) y a continuación aparecieron por fin Manta Ray.
Todo el mundo contra la pared fue lo que nos propusieron los asturianos con el primer tema. A lo largo de los años fueron cambiando su estilo y conciertos que, si bien siempre fueron muy buenos, con el último disco ganaron en contundencia y estilo más rock.
Vinieron con un setlist muy basado en su último disco y los temas de anteriores discos (caso de O.F. King bastante difícil de reconocer en su inicio) tocados con mucha más contundencia y reinterpretados como si formaran parte del último trabajo de Manta Ray. Con menos concesiones a la experimentación con sonidos quizás más electrónicos como al principio pero con mucha más potencia fueron sonando El despertar, Qué niño soy, Take a look o No tropieces.
Abandonaron por momentos el rock para deformar el primer tema de su disco “Torres de electricidad”, Don’t push me, e interpretarlo con sonidos vocales de los 4 integrantes Manta Ray. También Xabel Vegas llegó a abandonar su batería para tocar el bajo en un tema. Pero la base de potencia y contundencia nos trasladó hasta el final con Mi dios mentira, que hizo de lanzadera de nuestro regreso al hotel para descansar de un día muy intenso.
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