Jueves
Desconcierto
El día comenzó de manera extraña. A las 16:30 estaba anunciado el concierto de Woven Hand en el Palco Songwriters, así que hacia allí me dirigí con mi bocadillo de mortadela atravesado en el estomago y echando una carrerita para llegar a tiempo. La cosa iba con retraso por lo que me senté en el césped y esperé a que David Eugene Edwards y sus huestes hicieran acto de presencia. Casi 15 minutos más tarde aparecen tres fulanos tocando un slow-core bastante coñazo y ni rastro de Woven Hand. La gente comienza a mirar hacia los lados y alguno se acerca a preguntarle al técnico de sonido que demonios pasaba allí. Por los gestos que le hace interpreto que los pasan al escenario principal. Como la música que hay allí no me interesa en absoluto comienzo a dar vueltas por el recinto a ver si alguien me puede aclarar la situación. Tras preguntar en varios puestos decido volver al escenario pequeño y preguntar al de seguridad que pasa con Woven Hand. Lo único que me puede aclarar es que tocan en el escenario principal de primeros. “¿A las seis?” y me hace un gesto con la mano indicando “más o menos”. Me vuelvo al camping, lo único que he sacado en limpio es un sombrero de la cadena de radio portuguesa Antena 3, un chisme para colgar móvil y llaves de la misma emisora y conseguir escuchar un poco de la prueba de sonido de The National.
A las 18:00 como un reloj estoy sentado en el escenario principal esperando a que, esta vez si, comience su actuación Woven Hand. Pero cuando son las 18:30 allí no ha aparecido nadie. Además cuento instrumentos y hay suficientes para 5 músicos. Empiezo a sospechar que son The National los que van a intervenir primero. Veo a un tío con pinta de gallego conversando con el técnico de luces y le pregunto qué cojones pasa. Lo único que me puede decir que Killing Joke han suspendido la actuación y que Woven Hand van a tocar en el principal. Pero no sabe nada más. Una hora después de lo que ponía en el programa, empiezan los conciertos. Los que no estuvisteis allí no sabéis la cantidad de polvo que se puede tragar en una hora.
The National – show introspectivo

Los chicos, después de tal cúmulo de despropósitos, se sienten obligados tras acabar el primer tema a aclararlo: “We´re The National”. En el centro del escenario Matt Berninger se mueve como una especie de autista. Es de esos frontman que interioriza todo tanto que acaba por transmitir. Canta de puntillas hacia el cielo, se muerde los nudillos, se sube al bombo de la batería y se deja caer, grita, susurra, se arrastra por el suelo, pero no dirige ni una palabra al público. Los demás se encargan de eso. Los dos hermanos Dessner entrelazan sus guitarras con precisión, los otros hermanos, los Devendorf crean la base rítmica perfecta, sobre todo Bryan con su batería trotona y poco ortodoxa. Los crescendos con los que culminan las canciones funcionan a la perfección. Es cierto que algún tema más potente como Lit Up quedó un poco deslucido, pero en general la música nos trasladó a su mundo. O mejor dicho al mundo de Berninger. Los otros cuatro parecían un poco amenazados por el ambiente, pero no por eso se les notaba ninguna grieta en lo estrictamente musical. Deberían empezar a creérselo. Son un gran grupo que nos puede ofrecer muchas alegrías. De momento nos quedamos con esa tremenda Mr. November con Matt totalmente poseído gritándole al cielo.
Woven Hand – desconcierto (2)

Se escucha una voz en portugués. Los Killing Joke no han podido acudir por “doença”, en su lugar actuarán Woven Hand. Silbidos. Algún tímido aplauso y los tres salen al escenario. David Eugene Edwards sentado en una silla en una esquina con sus dos micros y un extraño instrumento de cuerda. Los otros dos, guitarra y batería, de negro en el centro. Y empiezan a sonar los primeros acordes. Bocas abiertas de sorpresa. Gente mirando al escenario. Algunas deserciones. Algunos se acercan. “Parecen trovadores de muy mala hostia”. “Te hipnotiza”. Edwards continúa sus discursos. Si el estudio es su confesionario, el escenario es su púlpito. Los millones de matices que aparecen en disco dan lugar a la contundencia. Te sientes acomplejado. “Me están entrando ganas de ir a confesarme”. “Se me está atragantando el rollo religioso”. Uno de los dos micrófonos suena distorsionado y le da un aspecto más tétrico a la música, ya de por sí suficientemente tétrica. No puedo apartar la vista del escenario. David Eugene Edwards se golpea la cabeza, señala al público con su dedo amenazante, les hace gestos para que se impliquen y se pone de pie con su guitarra eléctrica en la mano. Los otros músicos abandonan el escenario. Le hacen un gesto de que es la última. Él sólo se monta un Black Soul Choir de 16 Horsepower con su especie de laúd. “God Bless You. Good Night” y abandona el escenario. Hizo lo que quería hacer. Siempre será un incomprendido, incluso para los que lo disfrutamos.
Juliette & The Licks – Glamour de baratillo

Había mucha curiosidad por ver lo que hacía la ex estrella de Hollywood encima de un escenario y a la segunda canción la curiosidad quedó saciada. Tengo que decir que la chica me parece admirable. No es gran cosa, se menea como si estuviera cachondísima con un resultado bastante patético, canta normalillo, las canciones son normalillas, soltaba carcajadas incoherentes, la gente no respondía, ¡pero ella se cree la mejor del planeta! No sé si es la cienciología la que le aporta esa confianza en sí misma, pero en serio que es algo increíble. La chiquilla se rodeó de los cuatro tíos más guapos que encontró por los USA y se vino a Paredes de Coura con su nuevo look de melena rubia y unas mallas largas apretadas que le hacían evidentes sus carencias. Tocó sus canciones y alguna incluso sonó bien y todo. Acabó con Search And Destroy y para terminar se lanzó al público. Ahí si que obtuvo una gran respuesta.
Después de eso el tal Vincent Gallo (ese que hace anuncios de Calvin Klein y dirige películas en las que le hacen felaciones reales a sí mismo) estuvo haciendo algo que se apróximaba a música pero no llegaba a serlo. Si alguien lo soportó, que me lo haga saber.
Nick Cave & The Bad Seeds – EL CONCIERTO (así con mayúsculas)
Es cierto que soy fan a muerte del australiano. Es cierto que el último disco me parece de los mejores de su carrera. Es cierto que a poco que hiciera yo iba a disfrutar con él. Pero es que estuvo muy por encima incluso de mis perspectivas, ya de por sí elevadas.

Cuando dejó de sonar la música grabada y en el escenario aparecieron los siete Bad Seeds el público rugió. El rugido subió de decibelios cuando apareció ÉL. Cuatro coristas negros, tres chicas, un chico, completaron los doce. Se empezó la cuenta “one… two… three… four”, un acorde repetido y Cave comienza con un Get ready for love apoteósico. La banda suena perfecta, potente, impecable. Sigue con Red Right Hand. Nick Cave se mueve por todo el escenario con movimientos espasmódicos, fuma mucho, se acerca al borde del escenario, lanza arengas al resto del grupo. Un grupo en el que no falla nada. Mick Harvey ejerce de director, casi siempre de espaldas. Al otro lado James Johnston inclinado sobre su teclado. Warren Ellis subido a una tarima hace esos movimientos extraños con el violín, Thomas Wydler y Jim Sclavunos se alternan entre batería y percusión según el tema, Martin Casey está justo delante de ellos ensimismado en su instrumento y el bueno de Conway Savage en un lateral, con esa pinta de bohemio pasado de todo, es el que se encarga del piano. Espectacular.
A los Bad Seeds y sus coristas se sumaban las 30000 gargantas allí reunidas. Espectacular el “Hey! Ho!” de Supernaturally, los coros de Deanna, City of refugee y There she goes, My beautiful world o la ayuda que él mismo solicitó para la hermosa God is in the House. Tremendo. También sonaron Messiah ward, Come into my sleep, Nature boy, Breathless, Hidding all away, enlazó The weeping song y The ship song y nos ofreció unas versiones escalofriantes de Tupelo y The mercy Seat. Pero aún había más. Vuelven y nos ofrecen otras cinco canciones más. Entre ellas un tremendo Do you love me? y una irreconocible Stagger Lee que sirvió para cerrar casi dos horas de extasis. La gente se quedó de pie esperando hasta que empezaron a recoger el escenario, no fuera a ser que hubiese más.
Nick Cave & The Bad Seeds arrasaron Paredes y pusieron el broche de oro a tres días inolvidables. ¡A ver quien se atreve a subirse al escenario después de esa demostración de poderío y saber hacer!
Nota: Quiero agradecer desde aquí a mis compañeros de fatigas por hacerme pasar uno de los mejores festivales de mi vida. A los originales Chabi Isla Bikini (I predict a riot!) y Liles (trovador), y los que allí conocimos: Javi, Íñigo, Luís y, sobre todo, Miren, la chica más riquiña de Amorebieta (con pasarlo la mitad de bien en el Azkena me conformo!).
Texto: David Watts.
Fotografía de Nick Cave: Pérez Bros (pero realmente no son hermanos).
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