Miércoles
Hot Hot Heat – indiferencia

El miércoles, a priori, había muchas más cosas interesantes. Pero este no era el caso de Hot Hot Heat. En disco me parecen mortalmente aburridos, y en directo, más de lo mismo. El cantante lucía un look estilo Bisbal pero con una chaquetilla que a él le parecería estilo Beatles, pero que era bastante espantosa. Daba saltitos por el escenario cuando no le apetecía tocar el teclado que tenía delante. Los demás no os puedo decir nada, porque eran bastante insulsos. Supongo que a los que le gusta el grupo disfrutaron del concierto, a juzgar por la reacción de algunos, pero a los demás no nos dejó ningún tipo de poso, ni bueno, ni malo.



The Arcade Fire – Freakshow
A estos sí que les teníamos más ganas. Su disco Funeral, no deja de ser sorprendente, pero es de esos grupos que esperas algún tipo de estímulo a mayores para decidir si te gustan de verdad o simplemente te resultan agradables. Este concierto fue ese estímulo. Una de las puestas en escena más impactantes que se recuerdan con los ocho miembros del grupo vestidos como si fueran a asistir a una de esas fiestas de graduación que vemos en las películas americanas, gritando como locos los coros de la inicial Wake up, aunque algunos no tenían un micro cerca. Al fondo un telón con la mano que aparece en la portada del cd y las letras The Arcade Fire con una tipografía manuscrita cubría el fondo del escenario.

Continuos cambios de instrumento entre ellos. Tambores en bandoleras, violines, acordeones, guitarras… Utilizando como percusión cosas como las cajas de los instrumentos, los bordes del escenario o uno de los miembros con un casco en la cabeza(!). Mención especial al pelirrojo de gafas de pasta con pinta de chapón de la clase y, sobre todo, al freaky de su amigo, que se dedicó a hacer todo lo que se ocurría por el escenario: “tocó” el telón en un tema, se subió encima de los teclados y amenazó con saltar en plancha, le hizo un peinado con la baqueta a una de las chicas mientras intentaba cantar una canción y se paseó con una guitarra española por el escenario haciendo movimientos de muñeco de cuerda. Incluso en un momento, los dos “colegas” acabaron simulando (?) una pelea.

Musicalmente, The Arcade Fire reproducen en directo todos los complejos sonidos que plasman en sus grabaciones y le imprimen una extraña energía que no se entiende sin esa marciana puesta en escena. Hacia mitad del show decidieron tocar un par de temas desconocidos (uno era el que compusieron para la banda sonora de A dos metros bajo tierra) y demasiado extravagantes para mi gusto, que casi me arruinan el concierto. Pero nos tenían reservada la traca final con Neighbourhood #1 (Tunnels) y Rebellion (Lies). El cantante (por cierto igualito a Rick Mayall el de The Young Ones y Bottom), en una especie de sorpresa final, decidió lanzarse sobre el público, guitarra y todo, mientras el resto del grupo acababa el concierto pero, visto lo visto, todo se podía esperar de estos tipos. Impactantes.

Queens Of The Stone Age – Retumba Paredes

Como el hip-hop es un estilo que nunca me ha llegado a calar, y en los festivales hay que reservar un momento para comer, beber, descansar y todo eso, decidimos que cuando tocasen The Roots era el nuestro. Por lo que me han comentado a algunos les gustó y en cambio a otros les pareció un ladrillo. Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Cuando estábamos en la puerta pasando el último control de seguridad los Queens Of The Stone Age comenzaban su descarga con Someone´s In The Wolf. Y de esa intensidad no bajaron en todo el concierto. Era imposible acercarse a las primeras filas y el propio Josh Homme tuvo que mediar con la seguridad para que hubiese calma. El directo de QOTSA es potente como en sus discos. Los decibelios subieron incluso por encima de los que habían gastado los Foo Fighters el día anterior. Homme, con su habitual cara de mala leche permanente y cojo debido a una reciente operación de rodilla, es el amo y señor del grupo, y más desde la marcha de Nick Oliveri de malos modos. Se ha rodeado de mercenarios de lujo y ha conseguido que su sonido sea algo inalcanzable para los demás grupos. Joey Castillo aporrea la batería con una contundencia increíble y Troy Van Leeuwen añade texturas sobre la densa capa de distorsión que conforma el sonido QOTSA. Valiéndose de una steel-guitar apoyada en una especie de andamio hizo que sonaran algunas de esas notas que Josh Homme graba en estudio. Alain Johannes colaborador ya habitual y su esposa como teclista, una siniestra que tocaba con los teclados totalmente inclinados hacia el público, completaban la nueva formación de los Queens. Todos muy juntitos en el centro del escenario. Sonando compactos y perfectamente compenetrados para el poco tiempo que llevan juntos. Nada de Mark Lanegan como se comentaba, ni colaboración sorpresa de Dave Grohl como deseábamos. El repertorio se lo tomaron como si un grupo clásico se tratara, alternado de, sobre todo, sus tres últimos discos sin ninguna preferencia. The lost art of keeping a secret, Feel good hit of the summer, Go with the flow, First it giveth, Tangled up in plaid y la pareja formada por In my head y Little sister fueron algunos de los temas que pudimos escuchar en medio de la distorsión. Es cierto que a los que no les atrae el estilo, pueden llegar a aborrecer un concierto de ellos, pero a los que nos gusta lo disfrutamos. Y mucho.
Pixies – Toma el dinero y corre

El concierto de la polémica. Es suficiente con tocar un buen puñado de temas míticos con una ejecución impecable para que un concierto sea un gran concierto. Opiniones contrastadas. No se puede negar que (casi) todos disfrutamos cantando cosas como Wave of mutilation, Where is my mind, Debaser, Vamos, Gouge Away, Is she weird, U-mass, Planet of sound, Isla de Encanta, Tame, Monkey gone to heaven, Caribou, Nimrod´s son, Allison y muchas más que se me escapan, pero tampoco se puede negar lo evidente. Las cuatro personas que menos disfrutan de sus conciertos son ellos. Llegaron, volvieron loco al personal y ellos, sin inmutarse, se fueron.

Perdón, tocaron Gigantic y se fueron. Pueden hacer el numerito de despedirse entre ellos uno a uno, pero no es real. Frank Black (¿o hay que volver a llamarle Black Francis?) no dijo ni una palabra, Kim Deal estaba de perfil mirando hacia no se donde y en alguna ocasión pasaba directamente de sus coros, Joey Santiago parecía una estaca al otro lado y el pobre David Lovering hacía lo que podía con esa pinta de profesor universitario que se le ha puesto a lo largo de los años. En fin, nos lo pasamos bien. Lástima que ellos no sean conscientes de que su legado va más allá que unos cuantos dólares en el bolsillo.

Texto: David Watts
Fotos: Berenguelo
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