Sábado 3 de septiembre.
Este año en vez de dormir me dediqué a pasear por las calles de Vitoria, una ciudad preciosa, sin duda. De todas maneras llegué tarde al primer concierto del sábado, Hash, pero para el segundo no
Brant Bjork & Bros – Desierto Jam

Llevaba mucho tiempo ansioso esperando ver a Brant Bjork y sus múltiples proyectos, me daba igual en solitario, con Che, con los Operators o con los Bros, (que en el fondo es él el que se lo monta todo), el caso era ver lo que proponía el talentoso multiinstrumentista y ex baterista de Kyuss, si una sesión íntima e hipnótica semi instrumental o algo más sucio, árido y desértico.
Eran las cuatro y media de la tarde, hacía un calor más propio de otras latitudes y de otras estaciones, pero tocaba Brant y los dioses lo sabían. No éramos muchos los que estábamos allí aun, de hecho estaba en primera fila sin meterle los codos a nadie, eso si, camisetas de Kyuss, Fu Manchu, y demás emperadores del stoner se veían por decenas. Los más fieles seguidores nos mirábamos con cara de incredulidad al ver como Brant Bjork y el resto de la banda: Cortez a la otra guitarra, Mike Peffer a la batería y Dylan Roche, que no se quitó la cazadora vaquera ni se alejó dos palmos de su cabezal de 300 watios y doble pantalla de 4x10 Ampeg en todo el concierto, a la guitarra baja, ya estaban en el escenario desde hacía bastante tiempo afinando sus instrumentos y preparados para el asalto, como un grupo novato que está deseoso de aprovechar al límite la oportunidad de tocar en un festival grande y convencer, pero Brant & Bros ya lo tenían todo ganado.

Apiñados en el centro del escenario empezaron prácticamente de la nada sónica hasta crear una atmósfera densa, repetitiva, pedregosa, poderosa, ideal para estar fumado...sin apenas overdrive en sus cabezales el sonido era perfecto hasta que se estropeó el plexi de Brant en el primer o segundo tema, se lo cambiaron en marcha por un 800, le costó un poco volver a entrar en trance, pero lo consiguió.
La música de Brant es tan personal que no hay mucho a lo que aferrarse para definirlos, es como algo tímido y monótono, que parece suave pero que va cogiendo fuerza dentro de ti hasta que te das cuenta de que estás flipando, y dices, joder, y no puedes dejar de moverte preguntándote que te pasa, ¡si no has bebido nada aun!, y te va llevando por una de esas carreteras interminables del desierto en la que vas viendo todo tipo de paisajes, donde el día y la noche se intercambian en el mismo tema, donde al momento vas a 200 y al siguiente instante te vas parando hasta desaparecer, pero sigues moviéndote, y todo esto siguiendo la estela marcada por la voz y los riffs desérticos de Bjork, pero todo muy rítmico, donde un tema puede desembocar en el Sunshine of your love y volver en medio del punteo al tema original. Hydraulicks, Smarty pants, My gettoblaster o Sounds of liberation son parte del repertorio que tocaron de manera sobresaliente en el finalmente bastante concurrido escenario grande de ARF, acabaron, y se fueron sin hacer ruído, no son muy habladores, ni falta que hace.
Electric six – Fiesta continua ( Redactor: David Watts)
Debo reconocer que no conocía gran cosa del sexteto eléctrico. Un par de temas de esos que todo el mundo conoce y su arrastrada fama de fiesteros. Hacia el escenario Azkena me dirigí mientras comenzaban el concierto. Y ni que decir tiene que hicieron justicia a su fama: la gente allí congregada no dejó de bailar ni un momento. Tuvieron que hacer frente al mismo sol que el día anterior casi acaba con alguno de los Drive-by Truckers y lo hicieron con trajes y chaquetas. Todos sudando y aguantando el tipo. Todos menos Dick Valentine, su cantante, que acabó con una camiseta totalmente sudada. Y no es de extrañar, porque el show que nos ofreció fue de atleta total. Saltos, giros, patadas de karate, puñetazos al aire... todo con esa cara de gamberro total que tiene. A los que no los conozcan, decir que aunque llevan un teclado de esos que están de moda, Electric Six (por fortuna) están a años luz de los Braverys o los Hot Hot Heats que proliferan por todas partes. Lo suyo es R´n´R. Con toques de baile, sí, pero R´n´R al fin y al cabo. Dedicaron un momento del show a sus “Greatest Hits” (Danger! High Voltage, la irreverente Gay Bar o Dance Comander) y terminaron con una versión de Radio Ga-Ga muy coreada por el público que a esa hora ya había entrado en la fiesta. Para ellos era el principio de la juerga. El resto de la noche nos cruzamos varias veces con varios de sus miembros siempre cerca de las barras del recinto de Mendizabala.
Juliette & The Licks - Nada
Después del momento de baile llegó el momento de ver a la niña pija con su grupito: Juliette & the Licks. Hay miles de grupos mejores que este, pero ninguno tiene a esta estrellita como cantante, todos los comentarios que escuchaba eran del tipo: vamos a ver a la tía esa que está más buena que la hostia, blablabla, pedazo culo. Paso de este grupo, que se coman todos los antros de carretera como todos para llegar a ser algo, yo también quiero ser mañana estrella del R&R, no te jode.
Beasts of Bourbon – Salvajismo y alcohol
Me recorrí el recinto unas cuantas veces, antes de empezar los Australianos The Beasts of Bourbon, unos rockeros de verdad, curtidos en mil batallas, salvajes, auténticos, peligrosos, impredecibles, todo en ellos es puro rock, con una actitud en el escenario para nada fingida y ensayada delante de un espejo, de hecho Tex Perkins estuvo a punto de caer del escenario al subirse a uno de los monitores, juraría que estaba algo pasado, gritando como una bestia, tirando cerveza al público, la banda le seguía moviéndose por todo el escenario, especialmente los guitarras, con una chulería propia de unos australianos bebedores de cerveza. Superaron los problemas de sonido con clase y tablas, versionearon a ACDC con Ride on y dieron el concierto salvaje de rock del festival, pero sin pintas raras ni más equipaje que mala leche.
Television – Sin sangre (Redactor: David Watts)
Para quien esto escribe, una gran decepción. Supongo que hay quien disfrutó con ellos. No había en Vitoria gran expectación por ver el retorno de Tom Verlaine y los suyos y eso se notaba en la facilidad con la que se llegaba a las primeras filas. Todo el mundo tranquilo y esperando escuchar alguno de los clásicos que aparecen en esa obra maestra que es Marquee Moon. El primer impacto fue ver a los cuatro 30 años más tarde que la mítica foto que servía de portada de ese disco. El tiempo pasa para todos. Empezaron calmados y nunca llegaron a remontar el vuelo. Daban la impresión de estar nerviosos, mirándose entre ellos, como si no hubieran estado casi todos ellos pisando las tablas desde hace mucho tiempo. Parecía que les hacía falta un chute de adrenalina. La parte más garagera de Television se ha perdido con los años. Esperaba algo más de punch. Sí, sonaron clásicos como Venus, I See No Evil, una descafeinada versión de Knocking On Heaven´s Door y por supuesto Marquee Moon, con la que culminaron un concierto que necesitaba esa energía final un poco antes.
No digo que fuera un mal concierto, pero yo esperaba más. Hay veces que la cosa marcha y otras no. Si vuelven por aquí habrá que darles otra oportunidad porque, por lo menos por un disco, estos tíos fueron grandes.
Bad Religion – punk-rock de instituto
Bad Religion es el típico grupo del que has oído hablar toda tu vida pero en la vida has escuchado algo conscientemente de que eran Bad Religion, pues eso, que fuí a su concierto en bolas. El sonido fue durante buena parte del tiempo que estuve observándolos un problema, sonaban mal, podría ser debido al robo de su material y tener que tocar de prestado, o al escenario Azkena, casi todos los grupos tuvieron problemas de sonido allí, aunque también en el verde hubo problemas, es algo normal en un festival con múltiples cambios de equipo.
Había multitud de harcoretas-punkis, o sea skaters de gorrita de baseball y pantalones por el culo, esto está degenerando, la verdad es que les aguanté cuatro o cinco temas, su discurso me sonó monótono, ya se por qué no los he escuchado en mi vida.
The Pogues – Fiesta folk
The Pogues, o sea, fiesta. Todos los punkis que se dieran cita con Bad Religion en el festival estaban bailando con estos Irlandeses. Liderados por un más que alcoholizado Shane MacGowan, impresionante la trompa que tenía, al menos esa es mi impresión, tocaron folk irlandés durante hora y media, dios que coñazo, si quieren fiesta para el año que lleven a Os da Taza que también hacen folk con letras críticas y festeiras, yo por mi parte quiero ROCK.
Queens of the Stone Age – El concierto del festival
Y después de aguantar a los skaters y a los folkies llegó el turno de Queens of the Stone Age, por fin. Después de haberlos visto este año en Paredes de Coura arrasar al personal no me esperaba otra cosa de ellos en Azkena, y así fue, uno de los mejores conciertos de QOTSA que recuerdo, y ya llevo once.

Comentar un concierto de Queens para un fanático seguidor no es fácil, paso más tiempo esquivando golpes que observando, no puedo escucharlos y quedarme quieto, o sentado, no puedo, es algo superior, pero bueno, ahí vamos.
Con el recinto a reventar, más gente que el día anterior, los roadies de QOTSA dejaban todo a punto para el concierto del festival. Cuando el enorme Josh salió al escenario, el público enloqueció, cuernos en alto, gritos, y antes de darnos cuenta ya estaban bombardeándonos con un tema instrumental que a día de hoy aún no sé de cual se trata, una locura con la impronta de Homme, al estilo de Hispanic Impressions, pero más rápido y más heavy.
Junto con el dios del desierto Josh Homme recuperado de su ataque de cansancio por el cual suspendieron fechas en Alemania, y recuperado de su operación de rodilla, estaban los habituales en sus dos últimas giras: Troy van Leeuwen, perfectamente trajeado a la guitarra, pedal steel, etc, Joe Castillo, enseñando su colección de tatuajes a la batería, y los nuevos Alain Johannes a la guitarra baja y Natasha Shneider a los teclados.

Definitivamente el ex guitarrista de Kyuss ha abandonado a su leal guitarra Ovation por una guitarra parecida a una 335 negra de cuerpo hueco y otra una marrón difuminada también de cuerpo hueco, que es la que más usó en este concierto. El sonido también ha ido variando para mi pesar, perdiendo poco a poco ese hilo desértico-heavy que los unía con Kyuss. Sin embargo las canciones son las mismas, y con las bajas de Lanegan por sobredosis y Nick por macarra y drogadicto descontrolado agresor, los QOTSA perdieron ese punto peligroso e impredecible que tenían, y han perdido buena parte de los temas más salvajes que cantaba el ex bajista, por eso deben de basar sus conciertos en temas que cantaba y canta Josh, muchos, y muy buenos por suerte, sin embargo han ganado en matices y calidad de sonido.
El segundo tema que tocaron fue Feel good hit of the summer, diooossss, empezar así es ir a matar, avalanchas, empujones, con su estribillo alusivo a la coca, cocococococaine y su estrofa a una serie de drogas, bestial, y a partir de ahí prácticamente ni un segundo de recuperación, toda una orgía de golpes, sudor, sonido abrasador, adrenalina, psicodelia, alucinaciones, ruídos de ultratumba, arena quemada, válvulas y mucho, mucho stoner: The lost art of keeping a secret, I think i lost my headache, en la que se marcaron una jam de 15 minutos más o menos, tremenda, absolutamente tremenda, para volverse loco, donde Josh punteaba y Joe Castillo le contestaba con la batería, aun me duelen las comisuras de los labios de abrir la boca al ver redoblar con una mano al animal de Castillo, una apisonadora humana, Monsters in the parasol, en la que Chriss Goss salió a cantar junto con Josh, eso si, en un registro diferente al del disco, no sé si por qué cambiaron la afinación de las guitarras o por qué les dio la gana, If only, You can´t quit me Baby, la salvaje montadora de melés A song for the dead, antes de empezar a tocarla ya estaba montada, todos sabíamos lo que nos iba a caer y así fue, demoledora, Go with the flow, una Medication ultrarrápida, Long slow goodbye y Burn the witch (Josh dijo no se qué de Nick, nada agradable supongo), y en las que Josh toca el bajo y Alain la guitarra, marcándose unos punteos countrys geniales, Little sister, que todo el mundo conoce y canta, y para acabar: No one Knows, que fue el clímax, también tocada a su manera, versioneándose a si mismos, con parada total y Josh cantando a capella, con partes sacadas de no se donde, punteos infinitos, bestial, sencillamente bestial, griterío tremendo, oes, aplausos, gritos, silbidos y vuelta al escenario, por supuesto.
Y qué mejor que una versión brutal de Regular John para los bises. Cómo me gusta esta canción, la tocaron como les dió la gana, alargándola, estrangulándola, ralentizándola, improvisando partes, en una de ellas Josh y Troy se quedaron solos sacando unos sonidos geniales e inauditos a sus guitarras, ya no me quedan adjetivos para ellos. Y para jodernos y que no pidiéramos más, lo cual iba a hacer desde luego con el poco aire que me quedaba en los pulmones, el capullo de Josh se tira encima de la batería, descoloca todo, quita un tom y hace el ademán de tirarlo al público y... se acabó, de allí salió cojeando el gran Homme, y nos dejó a todos boquiabiertos, sin capacidad de reacción, exhaustos, bañados en sudor y con cara de haber visto algo grande, el dios del desierto pasó por Azkena.
Monster Magnet – El broche final (Redactor: David Watts)
Después del conciertazo de Queens Of The Stone Age, teníamos poco tiempo para comer algo antes de uno de los conciertos más esperados de ese día. Lo digo por la cantidad de camisetas del grupo (casi todas con siluetas de mujeres desnudas) que se veían por el Recinto de Mendizabala. Y no defraudaron. Basándose en el Dopes To Infinity, Powertrip y Monolythic Baby! y obviando el decepcionante God Says No, Monster Magnet dieron un concierto de grandes éxitos a los que el público reaccionó con contundencia. Con ese look macarra típico en ellos tomaron el escenario verde como última banda que iba a sonar en el ARF 2005 y, si esta no es una situación cómoda, a ellos pareció no importarles. Con la banda reducida al inicial cuarteto tras la marcha de Phil Caivano, Ed Mundell tiene un trabajo difícil, pero lo cumplió con creces. Las plataformas que tienen delante de ellos para subirse cuando les apetece son un truco simple, pero efectivo. Wyndorf las recorrió de lado a lado de rodillas, retorciéndose por el suelo, dejándose caer… Tocó la guitarra en un par de temas y se erigió en maestro de ceremonias sin apenas dirigirle una palabra al público. Ni falta que hizo.

Las canciones hablan por sí solas: Crop Circle, Negasonic Teenage Warhead, Powertrip, Dopes To Infinty, Monolythic Baby o la traca final con Space Lord. Si la respuesta era positiva, este final fue apoteósico. Todo el público coreando Space Lord Motherfucker pasando de la versión “oficial”. Un gran cierre para un gran festival, con una magnífica organización y trato. Muy malo tiene que ser el cartel del año que viene para que no volvamos a estar en Mendizabala otros dos o tres días disfrutando de una buena sesión de R´n´R.