The Paddingtons :: The Concretes:: The Dandy Warhols :: Two Gallants :: Rufus Wainwright :: Happy Mondays :: New Order :: Primal Scream :: Cut Copy :: The Brakes :: Razorlight (pulsa para leer la crónica que desees)
Nada más llegar a las puertas del coso festivalero, nos dirigimos con presteza a recoger nuestras acreditaciones. Para ello nos dimos un pequeño paseo bordeando el recinto, el cual nos vino muy bien para estirar las piernas, hasta que arribamos a la zona de atención al acreditado. Recogido nuestro salvoconducto, nos dirigimos inquietos hacia el interior del recinto, deshaciendo el camino andado, estirando más las piernas como muchachos sanotes que somos, a los que no arredran ni el polvo ni la distancia de ningún camino.

Mientras sonaban de fondo los temas de The Paddingtons, a los cuales no hicimos mucho caso porque no podemos estar a todo, nos dimos un paseo de inspección por el recinto para contemplar con nuestra mirada pura e inocente de jóvenes imberbes, qué ventajas e inconvenientes nos depararía las instalaciones que había previsto la organización.
La verdad es que la elección de Boadilla como ubicación de los fastos, resultó acertada, dado que la temperatura, que a priori se presentaba como asfixiante, resultó más que agradable por las ventajas de la sierra madrileña. Así que, como los señoritos de la capital, apenas padecimos los rigores de esta época del año salvo los calores provocados por el efecto estufa que suele acompañar a la acumulación de asistentes en los conciertos y la falta de aire acondicionado en la carpa de la Terminal S, la temperatura no llegó a ser para nada una preocupación.
Es digno de destacar la ausencia de colas al entrar y salir del recinto, para comprar bebida o comida, para miccionar y/o defecar, incluso el sábado en el que la afluencia de público fue ingente.
También comprobamos, aunque más que por experiencia propia por comentarios de conocidos, que funcionaron correctamente los medios dispuestos por la organización para llegar y salir del recinto, lo que impidió que se formasen voluminosas colas de gente ansiosa por llegar o recogerse, sobre todo estas últimas que fomentan el descontento popular y la organización de improvisados y reivindicativos alter-hours.
En cuanto a los inconvenientes que apreciamos sobre el terreno, uno de ellos fue el terreno mismo, que se componía de una extensa capa de una grava de considerable tamaño, lo que, con el transcurso de las horas, provocaba dolores en las extremidades inferiores, debido a la rudeza de la misma y al continuo ir y venir entre los distintos escenarios de los que se componía el recinto.
En cuanto a los escenarios, eran cinco su número, tres carpas (Terminal N, Terminal S y I love Mad) y dos escenarios al aire libre (Terminal O, Terminal E). En la carpa I love Mad, apenas entramos, porque era la destinada para que los pinchadiscos efectuasen su labor, las otras dos carpas se destinaron a conciertos y cabe decir que se agradecía más acudir a la N, dado la ausencia de aire acondicionado en la S. Los escenarios grandes estaban demasiado próximos, lo que provocó que se confundiese el sonido de algunos conciertos celebrados simultáneamente.
Una cosa que nos llamó la atención fue la disponibilidad de una zona llamada “Microclima”. La sola visión del icono que representaba esta zona en el mapa del recinto provocaba a priori un escalofrío en nuestros sudorosos cuerpos, sólo a priori porque lo que al principio se presumía como un oasis de frescor, en el desierto de grava de Boadilla, al final se reveló como una especie de local de exposición de ventiladores de segunda mano con una cañería agujereada, de la que en ese momento no manaba el liquido elemento.
Pero bueno, si queríais agua gratis, estaban disponibles una serie de “Puntos de agua”. Acudimos prestos y sedientos a inspeccionar uno, pero comprobamos desilusionados cómo el agua manaba tan caliente que se prestaba más para la elaboración de una infusión; es por ello por lo que animo a la organización a que en próximas ediciones se pueda disponer de saquitos de infusiones cerca de dichos puntos, para que podamos disfrutar de un té, una manzanilla o una menta-poleo, mientras nos deleitamos con la música de nuestros artistas favoritos.
Y tras la inspección preliminar del recinto, por fin llegó el momento de empezar a deleitarnos con la música, que es lo más os interesa.
Y en un principio, fueron The Concretes, acudimos prestos y puntuales al escenario, nos situamos en primera fila, ojo avizor a todo lo que se movía por la carpa de la Terminal S.
THE CONCRETES
(Berenguelo)

Con puntualidad escandinava apareció el grupo en el escenario, con sus vocalistas Maria y Victoria, en vanguardia, acompañadas de su séquito de maromos escandinavos. Lucían todos indumentaria blanquinegra, impolutos y con look ario y angelical, como una especie de Kelly Family, pero en cuanto arrancaron el concierto con On the radio, de su ultimo disco In colours, se vió que la cosa iba por otros derroteros.
Con un sonido limpio y unas elegantes voces, transcurrió su concierto, en el que interpretaron temas como Changing the weather, Choosen one y Your call. Todo muy correcto, muy eficiente y muy frío, como un mueble de Ikea, pero bueno, no estaba nada mal para arrancar el festival, por lo menos sonaban muy bien.
Como dedujimos a priori cuando se confirmaron los horarios del cartel del festival, iba a ser complicado no dejar conciertos a medias, así cuando aún The Concretes seguían decorando el escenario con sus hieráticas canciones, abandonamos raudos el concierto para ir a contemplar a The Dandy Warhols, que prometían un poco mas de la animación y garra que requiere el arranque de un festival. Empezaron puntuales, como la casi totalidad de los conciertos a los que asistimos.
THE DANDY WARHOLS
(Berenguelo)

El grupo norteamericano se estrenó en el festival con el tema Godless de su álbum Thirteen Tales From Urban Bohemia.
Frente al look inmaculado, de inocentes colegiales, de los suecos, los americanos lucían un look barriobajero, que se prestaba más a la exaltación musical y vital.
Continuó la música con temas como We used to be friends y I love you. De vez en cuando, Courtney Taylor dejaba los gorgoritos y se dedicaba friccionar la guitarra con su ampli en busca de la distorsión, o para aliviar alguna extraña picazón. Mientras, Zia McCabe tecleaba y nos deleitaba con el mismo baile en casi todas las canciones (“El baile del step sexy”). Además lucía una camiseta cortada por la sobaquera, que debía ser fresquita, aunque daba la imagen de que quería aliviar algún quemazón.
Siguieron los temas, entre los que se incluyeron Not If You Were The Last Junkie On Earth; fue durante la interpretación de esta melodía cuando el baterista procedió a sacarse la camisa que llevaba como atuendo hasta entonces. Esto provocó la excitación en cierto sector femenino de la primera fila, en donde la humedad relativa del ambiente era mucho mayor que la que soportaban el resto del los asistentes. A este sector se dirigió el baterista al finalizar el concierto, solicitando una mano amiga que le ayudase a encontrar una salida del recinto.
Mientras sus compañeros hacían cosas como las que acabo de narrar, Peter Holmstrom se dedicaba simple y llanamente a tocar la guitarra, algo sorprendente vista la compañía.
Con la interpretación de su más reciente single Have A Kick Ass Summer y de su mayor éxito Bohemian like you, pusieron colofón a un concierto vibrante, que nos levantó el animo pese a lo temprano de la hora.
Finalizado el concierto, el combo desconcertado volvió a errar y vagar por el recinto, en busca de un alivio para la sed. Asistimos sin mucho interés a los conciertos de Divine Comedy y Starsailor, antes de separar nuestras fuerzas por lograr una cobertura más rica del evento, sin que nuestra disparidad de gustos musicales interfiriese en ello. Mientras Berenguelo se solazaba contemplando a Two Gallants, Roque se enfrentaba a Rufus Wainwright y Happy Mondays con la idea de confluir juntos para presenciar en comandita, el concierto de New Order, ahí es nada amigos.
TWO GALLANTS
(Berenguelo)

Esperaba mucho de este concierto, sabía que iba a ser algo genial por la impresión que me había provocado la escucha de los dos discos de estos dos jóvenes de San Francisco (California; Adam Stephens, voces/guitarrista/armónica y Tyson Vogel batería/espasmos), que describen su sonido como el que haría un hijo de Bright Eyes y de los White Stripes.
Cuando salieron al escenario, el baterista empezó a ejecutar el tremendo centrifugado con el que aporreó su instrumento durante todo el concierto. Ante semejante comienzo, pensé para mis adentros agárrate que vienen curvas, y de las gordas.
Hasta el final del concierto vivimos con deleite la entrega de la que hacen gala estos dos galanes. El espasmódico baterista se contraponía con el estático cantante/guitarrista, el cual con una actitud casi desafiante transmitía en cada frase la fuerza de unas canciones como Las Cruces Jail, You loosin’ out y Nothing to you, que te llegan a lo más hondo, pulsando algo en tu interior que no deja indiferente a nadie.
RUFUS WAINWRIGHT
(Roque)

Aterricé en la Terminal S con la intención de hacer un poco de tiempo antes del inicio del concierto de Happy Mondays y con curiosidad por ver cómo se desenvolvía Rufus sólo en el escenario (se rumoreaba que en el FIB iría con banda). Me encontré con un concierto demasiado intimista con Rufus en el piano, y en seguida tuve la sensación de que no era el momento ni el lugar; un festival no me parece el sitio correcto para este tipo de actuaciones. Al ratito se levantó y se puso a tocar la guitarra, pero ya había llegado el momento del inicio de actuación de un grupo que tenía muchas ganas de ver, así que dejaba a Rufus para otra ocasión, a ser posible acompañado de una banda.
HAPPY MONDAYS
(Roque)

Llegué al escenario Terminal E un poco receloso de lo que me iba a encontrar. Las noticias de actuaciones anteriores de Happy Mondays indicaban que Shaun estaba pasadísimo de kilos y Bez de edad. Mis expectativas no eran demasiado altas pero quería ver en directo a unos míticos de la Hacienda y comprobar si era verdad lo que me habían comentado.
Empezó el concierto con una banda que sonaba realmente bien, creando un ambiente sonoro que dejaba entrever que era la mejor manera de iniciar esta actuación, la aparición de Shaun Ryder y Bez provocó una ovación enorme y el inicio de una gran fiesta.
Con ambos en el escenario, la sensación inicial era que el concierto no iba a ser tan catastrófico como presagiaban los precedentes, apareció Shaun no tan gordo como se rumoreaba y enfundado en un gorro que le tapaba media cara y se quedó en medio de la banda sin destacar; Bez por su parte, a hacer lo que se le supone, moverse por todo el escenario intentando animar al respetable.
Y lo que ocurrió fue que todo se volvió una fiesta, el público bailando y saltando, la banda sonando muy bien (qué manera de sobresalir por encima de “los dos Happy Mondays”) y el sonido quizás demasiado cargado de graves ya que delante de todo llegaba a molestar. Sin embargo, yo no me sentí realmente cómodo, me llegó la sensación de que el momento se les pasó, que Shaun podría haber sido sustituido por algún otro miembro de los músicos que allí les acompañaban y que Bez podría haberse quedado en su casa, vamos, que ellos crearon la leyenda y lo mejor era que dejaran que otros la revivieran.
Así que, llegado el momento, decidí visitar a los otros dinosaurios del sonido Manchester, New Order, y darles una segunda oportunidad para reconciliarse con el público que asisitió (yo incluido) al concierto-fiasco del año anterior en el Primavera Sound.
La armada desconcertada agrupó de nuevo sus fuerzas para enfrentarse al concierto de uno de los pesos pesados del festival, que congregó a un numeroso y animoso público, ansioso de verlos y de criticarlos también. A las once de la noche, precedidos del tema principal de la película El Bueno, el feo y el malo salieron a escena los tres de Manchester.
NEW ORDER
(Berenguelo)

Entre el alborozo del público congregado salieron Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris, con casi 30 años de historia musical a sus espaldas, para iniciar su concierto con el tema Crystal, de su album Get ready que tan malas críticas cosechó en España.
Así, tras Crystal llegó Regret, y la gente elevó su regocijo al máximo. Es cierto que esa canción pone los pelos de punta hasta a un enfermo comatoso, pero algo fallaba. Se palpaba una especie de abulia que invadía a los componentes del grupo, esto se confirmó durante la interpretación de Ceremony, en la que hubo fallos en la sincronización de los músicos al comienzo del tema.
La voz de Bernard Sumner sonó muy floja, además mantuvo una actitud desganada durante la hora de concierto que vimos. Peter Hook mostró su actitud habitual, la de un hooligan entregado a la causa, animando continuamente al público, pero su actitud no fue suficiente para paliar el desánimo de sus compañeros. Pese a este panorama desalentador, canciones como Love Will Tear Us Apart o Transmission hicieron que el público aplaudiese enfervorizado.
Cuando se iba a cumplir la hora de concierto, los desconcertados bifurcamos nuestros caminos de nuevo, Roque salió raudo al encuentro de Primal Sream y Berenguelo huyó a presenciar el concierto de Cut copy.
PRIMAL SCREAM
(Roque)

Debido a las ¿inevitables? coincidencias, rápidamente acudí a tomar posiciones en el escenario Terminal E para ver en acción a los terceros isleños “históricos” de los 80 que actuaban en el intervalo de una hora y media en el festival. Es una pena que en tan poco tiempo tuviéramos que escoger entre grupos de la misma época musical e incluso zona geográfica, pero la elección, a la postre, fue correcta en mi caso. Los escoceses se caracterizan por sorprender de vez en cuando en estilos y tan pronto se hacen un discazo electrónico como rockero, tal cual Riot City Blues recién salido del horno.
Con casi 15 minutos de retraso sobre el horario previsto (tiempo en el cual se llegan a pensar muchas cosas como que se podrían ajustar mejor los horarios por parte de la organización o que los miembros de Primal Scream -perros viejos- decidieron retrasar su aparición para no competir tanto tiempo con otro de los platos fuertes de la jornada), hicieron su aparición Bobby Gillespie, Mani y compañía (incluidas un par de féminas a los coros) y comenzaron el espectáculo.
Escuchando el disco que acaban de sacar, uno se pregunta cómo harán para presentarlo habiendo conocido su directo tan electrónico y el caso es que empezaron de la mejor manera posible, con un clásico rock propio, como Movin’ on up y diciendo “esto ya lo hacíamos antes”. Bobby parecía menos espídico que la vez anterior que les había visto (uno de los mejores conciertos de mi vida en el Primavera Sound 2004), pero quizás más acorde con una actitud rockera y menos gamberra que la que traía en aquel momento. Actitud ésta que sí reflejaba Mani continuamente de bromas con el público, gesticulando y llegando a atraer hasta su zona a los dos guitarristas para, entre los tres, hacer las delicias de la zona del escenario que continuamente estaba haciéndole un pie a Mani en su labor de animador del evento. Entre tanto, iban desgranando temas que hacían bailar y disfrutar a todos los presentes como Dolls, Jailbird, Suicide Sally and Jonhny guitar, Burning Wheel, The 99th Floor o Country Girl.
La comunión con el público era tal que dos bellas damiselas se unieron a la fiesta de dos formas diferentes, una de ellas entre el público, subida a hombros de un acompañante y mostrando sus delicias en top less al grupazo que estaba actuando, detalle del que se dio cuenta Bobby y tan profesional como pudo y sin dejar de cantar, fue hasta Mani para darle una palmadita en el hombro y señalarle fantástico espectáculo, lo que provocó una reacción de sorpresa-alegría-fiesta en la cara de Mani y un gran regocijo entre los que disfrutaban de las vistas. La otra mujer en cuestión, Zia McCabe (teclista de The Dandy Warhols), que en su afán por colaborar en tremendo conciertazo, saltó cual posesa, pandereta en mano, para bailar en el escenario junto a unos rockeros de pro pero que no se dio cuenta de que en el backstage había un personaje que no quería que nada distrajera al respetable de la actuación de los escoceses, así que saltó el hombre en cuestión y con un gran placaje, agarró a la delicada mujer y la sacó del escenario mientras sonaban unos himnos en el ambiente.
Tampoco se olvidaron los Primal de su faceta más electrónica y deleitaron a los presentes con momentazos electrónico-rockeros como Kill all hippies, Kowalski o Swastika Eyes. Versiones con un toque rockero que elevaron al máximo las ovaciones de los que allí nos encontrábamos. Para terminar, y continuando con la temática del rock stoniano, otro clásico, Rocks, que puso un broche de oro a uno de los mejores conciertos del festival (en mi humilde opinión); a saber cómo le habría ido a mi compañero desconcertado Berenguelo con su visita a los demás escenarios.
CUT COPY
(Berenguelo)

Para mi era uno de los alicientes del festival, el poder ver a estos australianos, autores del maravilloso disco Bright like neon love. Mientras New Order proseguían su concurridísimo concierto, apenas unos cuantos entendidos nos reunimos en la Terminal S para presenciar lo que los autores de ese disco genial tenían que ofrecernos.
Empezaron con la maravillosa y animosa Going nowhere, a la que siguieron una pléyade de canciones extraídas de su único álbum como Future, Time stands still, Saturdays y algún tema como Rendezvous, perteneciente a su EP del año 2001 I thought of numbers. La escasa concurrencia no fue impedimento para que el grupo diese un gran concierto, sobre todo Dan Whitford, que no paró de bailar y de animar a la gente a que lo hiciera.
El concierto sonó perfecto, sólo tuvieron ciertos problemillas en las dos últimas canciones, con abundancia de sonidos pregrabados y escasez de instrumentos orgánicos, todo ello acompañado de una excelente iluminación y de las enormes ganas de agradar que demostraron, que redundó en la excelente impresión que me causó el grupo.
Tras contemplar a Primal Scream y a Cut copy, Roque y Berenguelo acudimos de nuevo a nuestro meeting point, para compartir nuestras impresiones con otros miembros de la hermandad desconcertada como Lenny Leonard y Gallupo, ante nuestros respectivos vasos de agua del carmen.
Escuchamos a Keane poco y de lejos, sólo para comprobar cómo el poder de la ñoñez congregaba a gran cantidad de gente. La verdad es que ver a Tom Chaplin gimiendo de un lado al otro del escenario, daba un poco de repeluco y muchas ganas de beber.
A las dos, ambos desconcertados nos despedimos de nuevo, Roque a encontrarse con Razorlight y Berenguelo a contemplar a The Brakes.
THE BRAKES
(Berenguelo)
La actuación estaba prevista en el mismo escenario, donde horas antes había asistido al gran concierto de Two Gallants y allí me dirigí esperando de estos ingleses lo mismo que esperaba y obtuve de aquellos americanos, buena música y una interpretación visceral.
Todas mis expectativas se colmaron desde que oí su primer tema, ese Ring a ding ding, de su único disco Give Blood, que sonó como un timbre en nuestras cabezas, que nos hizo entrar en trance con las canciones de este conjunto.
Durante el concierto, mientras el guitarrista Tom White montaba su particular espectáculo sobre el escenario, moviéndose continuamente y brindando poses para regocijo de los fotógrafos presentes, Eamon Hamilton se mantenía impertérrito cantando con una voz áspera, cortante y llena de rabia.
Las canciones se sucedieron una tras otra, casi sin pausas y a un ritmo vertiginoso, interpretaron Heard about your band, I can’t stand to stand beside you, You'll Always Have A Place To Stay y You’re so pretty de Give blood, con las que ratificaron su peculiar sonido, muy americano para ser un grupo de Brighton, sobre todo en canciones como Jackson, que ellos mismos calificaron como una cowboy tune.
También nos brindaron dos versiones de temas ajenos, una de Sometimes, Always de Jesus & Mary Chain que incluyen en su disco y una versión de Shut us down de Camper van Beethoven, ambos temas revelan las dispares influencias musicales de sus componentes.
Finalizado el concierto, huí para reunirme con mi compañero Roque que continuaba contemplando a Razorlight.
RAZORLIGHT
(Roque)

Con desconocimiento de la discografía de estos británicos pero con curiosidad, provocada principalmente por el consejo de un amigo que los había visto en directo, me acerqué a ver a Razorlight.
Lo que me encontré en el escenario me gustó bastante. Temas animados, sonido compacto, actitud en el escenario (o eso me parecía) y un buen concierto en general. Tenían la costumbre de acabar algunos temas todos juntos al lado de la batería, incluso en uno de ellos el cantante llegó a mover todos los micros para desgracia de los chicos del backstage que tenían que salir para colocar todo de nuevo en su lugar.
Más o menos a la media hora hora y sin decir nada, se marcharon del escenario, y éste quedó a oscuras, momento que aprovecharon los técnicos para dejarlo todo a punto de nuevo. Parecía un poco pronto ya para los bises, pero bueno, estos chicos que van de estrellas son así, de modo que nos tocó esperar un ratito… y luego otro rato… y más tarde otro buen rato. No volvieron, ignorábamos si había pasado algo o era una actitud-capricho propia de alguien que se considera estrella, cuando en realidad es estrellado. El caso es que después de una larga espera, los técnicos volvieron al escenario para recoger todo.
Así terminó nuestro primer día, en el que nos retiramos extenuados a la par que satisfechos. También estábamos inquietos pensando en lo que nos depararía el sábado. ¿Se mantendría el nivel mostrado por el cartel hasta ahora? ¿Acudiría tanta o más gente que el viernes?¿Acabaríamos convirtiendo la grava del recinto en arena debido a nuestro continuo ir y venir de un escenario a otro?
Una gran cola de festivaleros estaba esperando en la parada de los buses, sin embargo, por suerte, nos tocó subir en el primero de los que llegaron y nos fuimos preguntándonos qué sería de los desafortunados que allí se quedaban de pie, a la espera de otro medio de transporte que les acercara a su destino. Al día siguiente pudimos comprobar que la organización reaccionó a tiempo y donde el día anterior había unas huestes enormes de personas, el sábado eran de autobuses, con lo que la organización había ganado una batalla respecto al transporte público (y gratuito) en un festival de estas características.
índice de la crónica
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