
Volver a Sónar 2009 | Crónica del viernes 19 | Crónica del sábado 20
Con el objetivo de cubrir la cuota gallega del festival, a la una de la tarde te plantas en el SonarDôme. Uno de los mayores aciertos de esta edición ha sido la apropiación de dicho espacio por parte de la Red Bull Music Academy. Hasta ahora los pupilos de “la bebida que te da alas” ocupaban un pequeño lugar en una de las plantas del CCCB que no permitía disfrutar en condiciones de sus actuaciones. Los encargados de poner en marcha el escenario fueron el combo formado por el vigués Mwëslee y el zaragozano Chelis. Sus cuatro manos crearon toda una demostración de funk maquinal, beats regordetes y ruido amaestrado. Así da gusto empezar un festival. Sin cambiar de escenario, el barcelonés Miaau hizo algo que mi sangre, al poco de iniciar su actuación presintió, es decir, todo el mundo a ponerse en pie y a mover el culete. Su techno sentimental y paisajístico provocó sonrisas y aplausos, el público congregado no tardó mucho en ceder a la tentación y acabó bailando. Agradable y extraña sensación, sobre todo si tenemos en cuenta que estábamos a jueves y el reloj no había marcado las tres de la tarde.

Con las piernas calentitas gracias Miaau tocaba enfrentarse a una tarde que resultó ser tan jugosa como se preveía. En el SonarVillage y bajo un sol de justicia The Wizard, es decir Jeff Mills bajo su alias de juventud, ofreció toda una lección de buen gusto sin complejos. Resultaba gracioso ver como el de Detroit seleccionaba los discos entre las cubetas con una tranquilidad pasmosa para después ponerlos a girar con la misma calma. De sus platos, con salto de aguja incluida, salió de todo un poco: sonido disco, techno metálico, house glorioso, hip-hop, nueva ola, electro. En resumen, todo un festín que la gente bailó con los brazos en el aire. Tras finalizar su set solo quedaba la posibilidad de sonreir y pensar lo emocionante que debió ser la juventud de Jeff Mills escuchando y descubriendo toda esa música. No estaría nada mal poder contar con The Wizard para amenizar una boda, auque ya puestos a pedir, mejor contratarlo para celebrar un divorcio; no me cabe la menor duda que la fiesta siempre será mayor. El siguiente en ocupar el SonarVillage fue el finlandés Luomo. En su útlimo trabajo, Convival, realiza todo un tratado de house delicado con tendencia al pop acompañado de numerosos amigos en la voces. Uno de esos amigos es Jake Shears (cantante de Scissor Sisters) que tuvo a bien acompañarlo en esta actuación. El resultado final fue un directo agradable, bailable y por momentos elegante. Bueno, todo lo elegante que puede resultar salir a un escenario vestido de guiri a la espera que le sirvan un cubo de sangría con pajitas tamaño XXL y es que con pantalones pirata no vamos a ninguna parte, da igual que te llames Jake Shears o Luomo. Pero como la música es lo que importa, Luomo es un tipo al que merece la pena prestar atención.

Tras estas dos actuaciones y con miedo a parecer un camarón, nada mejor que buscar un poco de calma, tranquilidad y sombra. Hablando de sombra, sería interesante que el SonarVillage contara con más espacios donde cobijarse del sol, pues los pocos que hay se cotizan más caros que un banco después de ser salvado por el erario público; ya puestos a sugerir, no estaría mal que la organización se preocupara por ocultar el techo oxidado del escenario. Señores del sónar, la calidad también se demuestra en los pequeños detalles. El mejor lugar para el esparcimiento calmado resulta ser el CCCB, en la parte baja SonarMática ofrecía la posibilidad de trastear con un Reactable o ver un giradiscos con cinco cabezales. Unos pisos más arriba, la feria profesional, en donde podías echar una ojeada a las novedades tanto para productores como para dj´s. Para estos últimos destacar la variedad de controladores digitales. Lo más divertido, una vez tragada la vergüenza, resultó ser la posibilidad de tocar un Theremin.

Una vez descansado y jugado con inventos varios tocaba volver a la música. La hora de Konono Nº1 se acercaba, así que mejor ir bajando al SonarHall para evitar colas y lograr un buen sitio. La actuación de los congoleños resultó ínfinitamente superior a lo que me imaginaba, el escenario se les quedó pequeño y la gente no paró de bailar en todo momento. Sus temas se alargan hasta dejarte exhausto, el trabajo de los percusionistas es de premio Nobel y el sonido de los likembés adictivo y contagioso hasta decir basta. Los miembros del grupo, desde los más jóvenes a los más maduros, desprenden una serenidad pasmosa, disfrutan tocando su música y no paran de sonreír, bailar o poner cara de “estos blanquitos europeos están locos, yo a lo mío”. Cada secuencia rítmica te transportaba a un estado de absoluto trance tribal sin fin. Al final de cada tema, al público le faltaban manos para poder aplaudir y limpiarse el sudor que les corría por la frente. Increíble y apoteósico, más de una hora de energía natural y huracán sonoro. Konono Nº1 son grandes. Tras semejante actuación una rápida visita al SonarVillage para comprobar como la buena gente de Ghostly International celebraban su décimo aniversario. Prometo que de verdad lo intenté, pero el eco de la actuación de Konono Nº1 se había instalado en mi cabeza y no dejaba hueco para nadie más. Una lástima, el sello norteamericano suele ofrecer jugosas novedades, pero mis oídos solo escuchaban likembés por todos lados.
Fotos: Sonar.es
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ostia que guai! me alegro muchísimo de que te gustara mi live!
puedes volver a escucharlo aqui: www.miaau.cat : )
un abrazo desde berlin!
oscar
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