Aunque el cartel era sensiblemente peor al del sábado, había una estrella que relucía más que el resto del cartel de todo el festival. Si, independientemente de los gustos de cada uno, New Order se habían erigido como el nombre más importante del cartel y mucha gente se había acercado a Barcelona para verlos a ellos.
Pero vayamos por partes. A las cuatro de la tarde y para resguardarse del sol que duramente me abrasaba el cogote nos refugiamos en el Auditori a pesar de que en su interior el pesado de Nacho Vegas nos castigaba con sus sonrojantes vivencias. Como mal menor tocó con banda y por suerte se le estropeó la guitarra con la que nos iba a “deleitar” con algunos temas en acústico. Al menos había aire acondicionado, sillones cómodos y estaba oscuro, el lugar ideal para echar una cabezadita antes de ver a Parker & Lily, nombre que a priori me atraía más. Decir como nota curiosa que las medidas de seguridad para entrar en el Auditori parecían las de un aeropuerto, bastante superiores a las de la entrada del recinto del fórum.
Aún no sé quién era Parker y quién Lily, pero el chico y la chica modernos que estaban a los tecladitos no pegaban demasiado con el folkiecongorra del centro. Hacia esto último (folk con gorra) fue hacia donde tiraba la música de estos americanos y el del medio se erigió en protagonista, tanto por llevar la voz cantante de las preciosas canciones que sonaban, como, al menos hasta donde yo vi, pifiarla a la guitarra más de una vez. De todos modos y en lineas generales, el concierto me gustó bastante, aunque pensaba que iba a ser otra cosa, no mejor ni peor, distinta.
Tuvimos que abandonar a Parker & Lily para salir al escenario Fira, donde se achicharraban los grupos menos “importantes” del cartel. Allí estaban tocando los que supusieron el primer sorpresón del festival: los catalanes Tarántula (nada que ver con los yanquis que intentaron arruinar la gira de Dayna Kurtz). Con la mirada puesta en la movida de los ochenta y más concretamente en Derribos Arias y una actitud más que gamberra, nos hicieron bailar a horas intempestivas con delirantes temas sobre arácnidos, cetáceos y mujeres españolas (había un grupito de éstas en el público ataviadas con peineta y todo).
Por culpa de Tarántula llegué al escenario Danzka CD Drome cuando Sr. Chinarro, uno de los pocos indies de primeros de los 90 que se mantienen con igual o mejor salud que al principio, ya había empezado a interpretar “La cruz verde”. Los estúpidos argumentos con los que algunos intentan desacreditar el último disco del sevillano – ya sabéis, estupideces como lo de “este disco es una mierda, antes sí que era bueno”, “suena como los planetas”, “el disco se lo ha hecho Jota” – quedaban aplastados por una banda que sonaba excepcional como nunca habían sonado los acompañantes del marciano de Sevilla – probablemente habrá alguien que diga que prefería los conciertos de antes, que era entrañable verlos discutir, meter pifias y sonar como el culo; hay gente para todo -. Dos peros, por poner alguno: 1) el tiempo disponible hizo que solamente dos temas anteriores a El fuego amigo entraran en el repertorio (enormes “Pico-veleta” y “Estrenos T.V.”). 2) la vocalista femenina era la misma que intentó destrozar “y además es imposible” en el concierto de Los Planetas el día anterior; estuvo en su línea. El concierto se nos hizo cortísimo a todos; “el resto de los grupos también merecen una oportunidad”, nos espeta Luque. Genio y figura...esperemos que hasta la sepultura.
A las 19:00 dejé de ir a ver a Jr. (¿error?, probablemente...), autores de uno de los discos más extraños y turbadores de los últimos tiempos, para acercarme a ver a Broken Social Scene, de los que sólo había escuchado un disco que no me gustaba demasiado. De camino al escenario Nitsa-Apolo pasamos por el RDL, donde Sole+12twelve hacían una cosa que me sonaba a Experience. Al menos el de BSS no fue un concierto tan aburrido como esperaba, el setlist estuvo bien elegido y los chicos estaban bastante animados. Son un grupo realmente curioso, ocho tipos de un lado a otro cambiándose roles e instrumentos – mención especial para el de la trompeta de bigote y pañuelo rojo al cuello - pero sus canciones no me dicen demasiado. Calificación: no estuvo mal, entretenido.
Lo que sí fue un error es haber pasado del bueno de Micah P Hinson – lo había visto hacía menos de una semana - y de Gravenhurst - de ellos me comentaron que estuvieron muy bien, muy cañeros - y haber optado por el cara de bolla Ron Sexmith que, si bien el pop sensible de su Retriever se me antoja de lo más apetecible, su directo se movió entre la indiferencia y el hastío más absoluto. Perdóname, Micah, no te vuelvo a hacer una así.
Para la siguiente hora me decidí por Mercromina. Había presenciado la prueba de sonido por la tarde y “Encadenados” sonaba de vicio, lo que me puso los dientes largos. Obviando a Iggy & The Stooges, a quienes ya había visto el año pasado, y dejando de lado a Acid Huse Kings, mi primera elección, me fui a la carpa Nasti a ver a los albaceteños en uno de sus últimos conciertos antes de separarse. Pocas veces podremos ver un concierto tan intenso y tan emotivo. Lo dieron todo, tocaron canciones de todos los discos, sonaron brutales y nos dio pena, mucha pena que lo dejen. El griterio ensordecedor de la gente pidiendo más y sus caras de agradecimiento me pusieron la piel de gallina.
Tras ellos necesitaba descanso, y me fui a ver a otra grande, Kristin Hersh. La ex-Throwing Muses, su guitarra y su característica voz, una voz muy perjudicada, que sonaba afónica, cazallosa, pero no perdía ni parte de su expresividad. Para demostrarlo, un final espeluznante con “Your ghost”.
Apenas había escuchado algo de Mark Eitzel y American Music Club antes de optar por ellos esta noche. Decisión acertada, sin duda, la de acudir a verles, pues esa americana melancólica, que ha servido de guía para muchísimos grupos posteriores, les permitió ganarse a la gente con un muy buen concierto.
Lástima que me tuviera que ir un poco antes de que terminaran AMC para intentar coger sitio para New Order. La tarea no era fácil, pues miles de personas habían cogido sitio antes que nosotros y nos tocaba esperar cual sardinas en lata un poco alejados del escenario. La desconfianza estaba sembrada en el ambiente. ¿Darían un buen concierto? Creo que en nuestro interior pocos confiábamos en que así fuera, pero al menos pensábamos en lo que íbamos a sentir al escuchar esas canciones que han marcado la vida de muchos de nosotros. En efecto, así fue. Si alguien esperaba ver a unos tipos peligrosos, aquellos que compartieron vida con Ian Curtis y que fueron pieza clave en la música de los 80, estaba equivocado. En su lugar salieron unos señores ligeramente patéticos más parecidos a Juan Adriansens y Mark Ostracevic haciéndose pasar por jovenzuelos, pero las arrugas no engañaban. Aquello no sonaba muy allá y los empujones se hacían insoportables, así que decidí abrirme sitio hacia las primeras filas de guiris sudorosos. No me fue especialmente complicado y la verdad es que delante sonaba mucho mejor. Ni que decir que me lo pasé teta bailando “Transmission”, “Bizarre Love Triangle”, “Love will tear us apart", “Blue monday” o “Crystal”, pero está claro que mi euforia transitoria era producto más de las ganas de verlos que otra cosa. Pero eso, que algo flojos.
Con Mercury Rev no me lo pasé tan bien. Bastante aburridillos, como sus últimos discos. Sólo remontaban el vuelo cuando atacaban alguna "Deserter song”, pero tampoco demasiado. Eso si, el sonido y la ejecución impecables, pero a mi me gustaría algo más, aunque sabía de buena tinta que esta gente está un poco mayor y nunca me lo va a dar.
El dolor de pies se hacía ya insoportable y ni tan siquiera la cerveza me lo hacía olvidar, de modo que decidimos ver a The Human League sentados en la hierba. Lo de ver es un decir, porque desde las rampas de hierba apenas se veia el escenario, aunque si algo más las pantallas. A pesar de representar el paradigma tecnopop ochentero que aborrezco, pudimos ver un show divertido, elegante, con unas chicas divinas de la muerte por las que no pasan los años, un dandy rapado que conservaba su voz en buen estado, y repleto de hits, entre los que se incluía una versión de Blue Monday bastante original. Con el “Don’t you want me baby” muy de fondo nos retiramos a nuestros aposentos para intentar aguantar la jornada del sábado con la cabeza bien alta. Una pena no poder ver a Piano Magic defender su nuevo disco ni los caretos de gente que se puede hacer llamar Riñonera & MC Puto Payaso, gente que, por otro lado, merecería la crucifixión inmediata por semejante nombre artístico.